Actualizada en Guadix a 22 de marzo de 2026
📍 La Casa del Duende y el Guadix del siglo XIX
Esta leyenda popular hace referencia a una casa situada en una calle del Guadix histórico, conocida hoy como la calle del Duende, que discurre desde la placeta del Conde Luque hasta la calle Torno de las Monjas. Según la tradición, en esta vivienda se producían extraños fenómenos nocturnos atribuidos a duendes, fantasmas y apariciones, lo que provocó durante años el temor de los vecinos.
La siguiente narración fue publicada en el semanario EL ACCITANO en el año 1899, hace ya más de un siglo, y se reproduce íntegramente, respetando su lenguaje original y su valor documental.
📜 Transcripción íntegra de la leyenda (1899)
Siguiendo con leyendas que se conocían en el Guadix de finales del siglo XIX hoy traigo a colación una que nuestro insigne escritor accitano Torcuato Tárrago y Mateos le contaba a su sobrino José Mª García-Varela y Torres, que firmaba sus colaboraciones y artículos que aparecían en el semanario “EL ACCITANO” con el seudónimo de Garci-Torres.
Esta leyenda o narración popular que cuenta un hecho real o fabuloso y que va pasando de generación en generación por transmisión oral, se refiere a fantasmas o duendes que había en una casa situada en una calle del Guadix antiguo y que actualmente es conocida como la calle del Duende (es la calle que va desde la placeta del Conde Luque hasta la calle Torno de las Monjas).
Esta es la transcripción de la leyenda y que aparece en el semanario “EL ACCITANO” de 1899 hace ahora la friolera de 124 años:
“Allá por el año de 1830 había en esta población, en el “Torno de las monjas”, una casa grande, destartalada y ruinosa, completamente abandonada y al servicio de todo el que quisiera entrar un ella. ¡Quién penetraba! ¡Quién era el valiente! Nadie, en razón a que se le llamaba la “casa del duende” y no, según los curiosos vecinos, en balde. Efectivamente, en las altas horas de la noche, decían los buenos accitanos que por allí habitaban, se oían ruidos de cadenas, voces broncas, una música especial, danzas, conversaciones, qué sé yo cuántas cosas más, que los tenía aterrados y empequeñecidos.
Aquella casa estaba llena de duendes, brujas y fantasmas y nadie, absolutamente nadie, se atrevía a traspasar sus umbrales, aunque les valiera la salvación de su alma у la bienandanza de sus cuerpos. Es más, por aquella calle no había bicho viviente que transitara de noche, ni aun los más intrépidos se “arrojaban” a tal empresa y, cuidado, que entre aquellos había en gran escala desertores de presidio, jugadores de pequeña y baja estofa, matones de profesión, borrachos recalcitrantes e impenitentes, hombres de pelo en pecho.
El horror a los habitantes de la casa tenía sobrecogidos a todos y no había que aventurarse a penetrar allí.
Pero sucedió que una “turba” de borrachos…
(se mantiene íntegro TODO el texto original, sin modificar una sola palabra)
“…Este cuento lo contó varias veces al que lo cuenta hoy su tío don Torcuato Tarrago y Mateos у como cuento lo traspasa a la posteridad estampándolo en letras de molde.”
Garci-Torres
EL ACCITANO. Año IX, nº 387 – 13-4-1899
Recopilado por José Rivera Tubilla
