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La fiesta de San Sebastián en Guadix

LA FIESTA DE S. SEBASTIÁN, PATRÓN DEL COMERCIO DE GUADIX, LOS ÚLTIMOS AÑOS DEL S.XIX (1)

Desde tiempo inmemorial se viene celebrando anual festividad en honor del mártir Sebastián en la ermita que tiene en la margen derecha del río, precisamente en el lugar en que fueron entregadas por los moros las llaves de la ciudad a los invictos Reyes Católicos y jamás hemos presenciado lo que estos años, tal ha sido la suntuosidad que se ha desplegado, habiendo tenido el mérito que hay que reconocer a todo lo improvisado.

El lunes último (1897) pensaron algunos vecinos de la calle de S. Torcuato que en todos los barrios donde hay ermitas se pasea al santo titular de ella y considerando que S. Sebastián era una excepción de la regla y que esto ni podía ni había razón para que pasase adelante acordaron formarle una cofradía y, dicho y hecho, se proporcionó un lápiz, se compraron unos cuantos pliegos de “papel de barba” y se comenzó la inscripción que hasta el miércoles sumó la respetable cantidad de ciento sesenta cofrades decididos a gastarse las “perras” en honor del santo mártir.

Visto este gesto por las autoridades eclesiástica y civil, alabaron el pensamiento y lo sancionaron dando a la comisión que los visitó facultades amplías para que llevasen adelante el plan concebido. En su consecuencia el martes, día 19 de enero, víspera de su fiesta, a las doce de la mañana se dispararon en el atrio de la ermita multitud de cohetes, ejecutó el “Instituto musical accitano”,que dirige el maestro don Santiago Salvador Medialdea,las mejores piezas de su repertorio, se volteó la campana y se dieron frenéticos vivas al mártir.

Al toque de ánimas (2) se quemó un sencillo castillo en la Plaza Nueva (3), en la que la Junta, los Mayordomos y algunos cofrades, costeado por ellos, y en la entrada de la plaza, habían realizado un suntuoso arco de verde tejo dedicado al Santo, en el que se ostentaban  banderas nacionales y alumbrado a la  veneciana. Se iluminó tanto este arco, como la calle de S. Torcuato, la plaza Nueva y el camarín de nuestro Patrón (4).

La concurrencia  fue numerosa a pesar de estar helando, retirándose gozosa y satisfecha a las 10 de la noche.

Al día siguiente, día de S. Sebastián, hubo diana que salió a las cinco de la mañana, vivas a determinadas personas y un poquito de “aguardiente”. De ocho a diez de la mañana reposo.

A las diez y media bajó la “letanía” (5) de la catedral y el párroco del Sagrario ofició la misa en la ermita del santo, que estaba adornada de una manera desacostumbrada gracias en gran parte al esmero que está poniendo el presbítero don José Aguilera Manrique a quien el culto debe mucho en esta población­.

Siendo las once y media tuvo lugar la función religiosa ofrecida por la Hermandad con asistencia de ella y de la capilla de la catedral que ejecutó una de las mejores misas de su repertorio.

La banda tocó la marcha real en el momento solemnísimo de alzarse la Hostia Sacrosanta. El sermón estuvo a cargo del canónigo magistral don José Domínguez Rodríguez que estuvo inspiradísimo, brillante, elocuente, como acostumbra, sobresaliente, habiendo  arrebatado, encantado y ensimismado al auditorio, al que seduce y electriza, habiendo también recibido felicitaciones a millares.

Exhortó a la Cofradía a fomentar el culto al santo mártir y recibió felicitaciones y plácemes de todos, merecidísimos ciertamente. La iglesia era pequeña para contener la gente que acudió ansiosa de oír a nuestro querido amigo.

A las cuatro de la tarde salió la procesión de la ermita recorriendo las calles de S. Torcuato, Ancha, Nueva, de S. Francisco, de Santa Ana, de S. José, de Santiago, entrando en la iglesia de esta advocación, y siguiendo después por la plazuela del mismo nombre, cuesta del Caño, Puerta Alta, calle de la Concepción, entrando en el templo de la Inmaculada, calle del Palacio, plazuela de la Catedral, plaza de la Constitución, cuesta antigua de la Carnicería, calle de S. Torcuato y plaza Nueva. Toda la carrera estaba colgada, luciendo los balcones multitud de faroles.

A la procesión concurrió la capilla de la catedral, el “Instituto musical”, la cofradía, el simpático “Batallón Infantil” y un inmenso gentío. Delante de la ermita se quemaron varias palmeras a devoción del santo, encerrándose a las 8 de la noche, bien anochecido.

Este año (1899) se ha estrenado un estandarte nuevo costeado por la cofradía, que llamó la atención por el buen gusto en su hechura y por la riqueza de las telas empleadas en él, así como un bellísimo trono que iba iluminado. Nuestra enhorabuena a todos. Aunque hubo puestos de dulces, pasas, naranjas, higos, dátiles, cañas dulces, limas, limones dulces, granadas, torraos, vino, aguardiente etc., sin embargo las ventas fueron inferiores a las del día de S. Antonio Abad, que en eso no tiene rival aquella fiesta. La nueva cofradía nos encarga demos en su nombre las gracias a las autoridades y a este vecindario por las atenciones que han tenido para su santo patrono, al “Batallón Infantil” por su galante conducta, al ilustre Magistral a quien tantas atenciones merece, a los párrocos de Santiago y del Sagrario y coadjutores de esta parroquia, a las  monjas de la Concepción y de Santiago y a todos los que han cooperado al esplendor de la fiesta.

NOTAS:

  • Esta composición la ha realizado José Rivera Tubilla tomando los datos de “EL ACCITANO”, números  276 de 24-1-1897; nº 375 de 17-1-1899; nº 376 de 29-1-1899 y nº 427 de 28-1-1900.
  • Este toque lo daba una campana de la torre de la catedral a las 9 de la noche.
  • Según las Actas capitulares, el 21 de septiembre de 1923 tuvo lugar la coronación de la imagen de la Virgen de las Angustias, Patrona de Guadix, en el lugar denominado “Salón o Plaza Nueva” que en la actualidad corresponde al inicio del parque, junto a la entrada del refugio. Aquí hay colocada una placa de mármol con una inscripción que recuerda este acontecimiento.
  • Se trata de la capilla u oratorio que existe en el arco de la Puerta de S. Torcuato
  • Las dignidades, canónigos y beneficiados de la catedral, con acompañamiento de la capilla de música y los seminaristas, hacían procesión desde la catedral hasta la ermita de S. Sebastián cantando la letanía de los santos.

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