La Fiesta de SAN SEBASTIÁN en Guadix de finales del siglo XIX

LA FIESTA DE San SEBASTIÁNEN EL GUADIX DE FINALES DEL S. XIX

San Sebastián es un santo nacido en Narbona, de la Galia romana, a mediados del s. III.  El emperador Diocleciano, desconociendo que era cristiano, lo nombró jefe de su guardia pretoriana. Se preocupó de visitar y alentar a otros cristianos que estaban encarcelados por causa de su religión.

Fue denunciado al emperador Maximiano, quien lo obligó a escoger entre su condición militar y su fe religiosa. Sebastián eligió seguir siendo cristiano por lo que fue condenado a morir.

Los soldados lo llevaron al estadio, lo desnudaron, lo ataron a un poste y lanzaron sobre él una lluvia de flechas, dándolo por muerto. ​ Cuando sus amigos fueron a llevarse su cuerpo vieron que todavía estaba con vida, por lo que se lo llevaron a casa de una noble cristiana romana llamada Irene, que lo mantuvo escondido y le curó las heridas hasta que quedó restablecido. Sebastián, sin ningún temor, se presentó por propia iniciativa ante el emperador quien ordenó que lo azotaran hasta que muriera.

Tiraron su cuerpo a un lodazal y los cristianos de Roma lo recogieron y lo enterraron en la catacumba que lleva el nombre de San Sebastián. 

La veneración a San Sebastián es muy antigua y se extendió rápidamente entre los cristianos y ortodoxos. En épocas de peste era invocado y muchos pueblos lo tomaron como patrón para que los librara de esta epidemia. En Guadix los comerciantes lo escogieron como su santo patrono y desde antiguo fundaron una cofradía en la ermita de S. Sebastián, que existía desde el s. XVI, y le hacían su fiesta cada 20 de enero a los tres días de la de S. Antón. 

Esta es la crónica de la fiesta de S. Sebastián que apareció en el semanario “EL ACCITANO” del año 1897. 

“Desde tiempo inmemorial se viene celebrando anual festividad en honor del mártir Sebastián en la ermita que tiene en la margen derecha del río, precisamente en el lugar en que fueron entregadas por los moros las llaves de la ciudad a los invictos Reyes Católicos y jamás hemos presenciado lo que este año, tal ha sido la suntuosidad que se ha desplegado, habiendo tenido el mérito que hay que reconocer a todo lo “improvisado”.

El lunes último pensaron algunos vecinos de la calle de S. Torcuato que en todos los barrios donde hay ermitas se pasea al santo titular de ella y considerando que S. Sebastián era una excepción de la regla y que esto ni podía ni había razón para que pasase adelante acordaron formarle una cofradía y, dicho y hecho, se proporcionó un lápiz, se compraron unos cuantos pliegos de “papel de barba” y se comenzó la inscripción que hasta el miércoles sumó la respetable cantidad de ciento sesenta cofrades decididos a gastarse las “perras” en honor del santo mártir.

Visto este gesto por las autoridades eclesiástica y civil, alabaron el pensamiento y lo sancionaron dando a la comisión que los visitó facultades amplías para que llevasen adelante el plan concebido.

En su consecuencia el martes a las doce se dispararon en el atrio de la ermita multitud de cohetes, ejecutó el “Instituto Musical Accitanolas mejores piezas de su repertorio, se volteó la campana y se dieron frenéticos vivas al mártir.

Al toque de ánimas se quemó en la Plaza Nueva (actual Parque) un sencillo castillo, los hermanos de san Sebastián dedicaron al santo de su devoción un bonito arco de verde tejo en la entrada de dicha plaza, tanto la calle de S. Torcuato, la plaza Nueva, el camarín de nuestro Patrón (oratorio del arco de S. Torcuato) y el arco que la hermandad dedicó al Santo lucieron espléndidas iluminaciones, se dieron vivas al maestro “Lala”, uno de los hermanos activos, y la concurrencia, que fue numerosa a pesar de estar helando, se retiró gozosa y satisfecha a las 10 de la noche. 

Al día siguiente, día de S. Sebastián, hubo diana que salió a las cinco de la mañana, vivas a determinadas personas de la cofradía de S. Sebastián y un poquito de “aguardiente”.

Había muchos puestos en los alrededores de la ermita de dulces, pasas, naranjas, higos, dátiles, cañas dulces, limas, limones dulces, granadas, torraos, vino, aguardiente etc. etc., sin embargo, tenemos que decir que los puestos y las ventas de “galguerías” son “inferiores” a las de la fiesta de san Antonio Abad. 

A las diez de la mañana bajó la letanía a san Sebastián y con ella el Cabildo Catedral, los señores beneficiados, los seminaristas de san Torcuato y la capilla de música de la catedral, y se dijo la misa de rúbrica en la ermita del santo, adornado por el presbítero don José Aguilera Manrique a quien el culto debe mucho en esta población.

Siendo las once y media tuvo lugar la función ofrecida por la Hermandad con asistencia de ella y de la capilla de la catedral en la que predicó el canónigo magistral don José Domínguez que estuvo brillante, sublime y arrebatador, su palabra fascina, seduce y electriza, su fama crece cual potente ola.

La iglesia era pequeña para contener la gente que acudió ansiosa de oír a nuestro querido amigo. Exhortó a la cofradía a fomentar el culto al santo y recibió felicitaciones y plácemes de todos, merecidísimos ciertamente. 

A las cuatro de la tarde salió la procesión que recorrió las principales calles de la ciudad a la que concurrió la capilla de la catedral, el “Instituto Musical”, la cofradía, el simpático “Batallón Infantil” y un inmenso gentío.

Se estrenó un estandarte nuevo costeado por la cofradía que llamó la atención por el buen gusto en su hechura y por la riqueza de las telas empleadas en él. La procesión se encerró bien anochecido, habiendo resultado un acto religioso verdaderamente honroso.

La nueva cofradía nos encarga demos en su nombre las gracias a las autoridades y a este vecindario por las atenciones que han tenido para su santo patrono, al “Batallón Infantil” por su galante conducta, al ilustre Magistral, que merece muchas atenciones, a los párrocos de Santiago y del Sagrario y coadjutores de esta parroquia, a las monjas de la Concepción y de Santiago y a todos los que han cooperado al esplendor de la fiesta que ha sido de gran animación, esparcimiento y solaz para este vecindario tan observador de las tradicionales romerías.

Tenemos que lamentar que la fachada de la ermita se encuentre bastante deteriorada, aunque tenemos entendido que el señor cura párroco del Sagrario don Ramón Gómez, a cuya parroquia pertenece la ermita, tiene dispuesto su revoque.   

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EL ACCITANO. AÑO VII, nº 276 de 24-1-1897, AÑO IX, nº 375 de 17-1-1899 y nº 376 de 29-1-1899

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