Lorenzo Ferrer Maldonado: un personaje accitano del s. XVI desconocido para sus paisanos. Año 1550

En 1550, según unos o en la década de los 60 según otros, nacía en Guadix (Granada),-hay quien dice desconocerse su lugar de nacimiento-, uno de los más brillantes supuestos viajeros y fecundos falsarios de nuestra Historia: Lorenzo Ferrer Maldonado.
Se sabe que en su pueblo natal, Guadix, (…?), ejerció algún oficio relacionado con las leyes, lo que le debió venir muy bien para conocerlas y saltárselas,…

Se sabe que en su pueblo natal, Guadix, (…?), ejerció algún oficio relacionado con las leyes, lo que le debió venir muy bien para conocerlas y saltárselas, que tenía destreza para imitar toda clase de escrituras, que era tenido por hombre de gran ingenio, que sabía muchas lenguas, cantar, pintar y levantar figuras amén de ser gran retórico, latino y astrólogo.

Por un problema con la justicia, por falsificación de documentos, se ordenó se le prendiera para encarcelarlo, pero consiguió fugarse. Apareció en Madrid hacia el año 1609, y, como allí no era conocido, pudo darse mucha importancia pasando por militar con la graduación de capitán, sin jamás haber tenido la paga de un simple soldado.

Habían transcurrido 17 años, desde que Juan de Fuca afirmara que había conseguido cruzar del Pacífico al Atlántico por un paso al Norte de California al que se le denominó estrecho de Fuca,-aunque pronto se pudo saber que tal paso sólo existió en la mente de un farsante-, cuando apareció en la escena de descubrimientos marítimos otro personaje no menos impostor: se trataba de Lorenzo Ferrer Maldonado. Este marino, conocido por tener un gran talento para el dibujo, gracias al cuál se convirtió en un estimable falsificador de documentos, se acercó hasta la Corte del rey Felipe III y una vez instalado en ella se dedicó a la redacción de unos impresionantes memoriales en los que detallaba sus “descubrimientos”. Afirmaba que como alquimista, había conseguido descifrar las claves ocultas en la “Clavícula de Salomón”,-la joya de la corona de la literatura exotérica-, para transformar los bajos metales en oro. También decía ser matemático, astrólogo y cosmógrafo y afirmaba haber inventado el primer compás de navegación fijo que funcionaba de tal manera que con él se podía hallar en todo momento la longitud por la que se navegaba, toda una revolución para la ciencia náutica de la época, aunque es posible que estos logros fueran sólo producto de su fertilísima imaginación.

En otro extenso memorial aseguraba haber realizado una travesía iniciada, en 1558,  en el puerto de Lisboa y tras cruzar el Atlántico llegar con su embarcación a la península del Labrador, pasar el estrecho de Davis y la bahía de Baffin, internarse entre las islas puertas del Glacial Ártico, cambiar el rumbo al llegar a este océano hacia el sudoeste, y, al alcanzar tierra, encontrarse con el estrecho de Anián,-nombre que le dio él-, un supuesto canal natural que unía los océanos Atlántico y Pacífico,-ruta totalmente opuesta a la que manifestó Fuca que había encontrado-, y gracias al cual, según decía, se podía llegar desde España a China en sólo tres meses de navegación. El problema radicaba en que como no lo había situado bien en sus cartas, existían dudas sobre si lo que dijo haber descubierto era el actual estrecho de Bering o uno de los que existen en el actual estado norteamericano de Alaska.

Según su relato, empleó un mes en cruzarlo y otro mes en regresar al mar helado y durante su travesía siempre había sido acompañado por la luz del sol y de “una agradable temperatura”. Si nos fijamos en las fechas que él aporta en su libro, veremos que informó de la travesía,-realizada en los meses de Enero y Febrero-, 21 años después de llevada a cabo, hecho que justificó como un acto de prudencia por el valor que atesoraba su gran “descubrimiento”.

Fue en 1728 cuando el danés Vittus Bering consiguió surcar el estrecho que hoy lleva su nombre y con ello constatar que América y Asia estaban separadas, pero que los océanos Atlántico y Pacífico no se comunicaban por el norte.

A Ferrer Maldonado se le consideraba un embaucador en los círculos cultivados españoles. No obstante su descrédito hubo quien creyó en su supuesto gran descubrimiento geográfico. En 1789 un prestigioso geógrafo francés, Buache de la Neuville, presentó en la Academia de Ciencias de París una Memoria en la que defendía la veracidad de la existencia del estrecho encontrado por Ferrer Maldonado.

En 1792,-casi 170 años después de su muerte-, embarcaciones de Alejandro Malaspina al mando del marino español Alcalá Galiano, recibieron órdenes de la Corona de salir a buscar el canal hallado por Ferrer. La conclusión a la que llegaron fue que tal vía de agua no existía.

En 1802 Martín Fernández de Navarrete, editor de “La relación del viaje hecho por las goletas Sutil y Mexicana”,-al mando de Dionisio Alcalá Galiano-, afirmaba a propósito de Ferrer Maldonado: “Tal es la suerte de los hombres, que deslumbrando con ideas magníficas e importantes, suelen alucinar a los mayores sabios, acaso porque el candor de corazón, sin menoscabar la ilustración del entendimiento, suele conservarse mejor entre los que están acostumbrados a tratar más con los libros que con los hombres; y Maldonado, debidamente juzgado y menospreciado a principios del siglo XVII, ha venido a fines del XVIII a tener entre los sabios de las naciones cultas unos patronos y abogados que no logró hallar entre sus coetáneos”.

En 1906, el explorador noruego Amundsen demostró que tal mito geográfico era una realidad, y que su situación coincidía con las señaladas por Ferrer en su obra «Relación del descubrimiento del estrecho de Anián» (1609), en la que ofrece testimonio detallado de su viaje (¿) (1588). Fijó la longitud del paso en 290 leguas y entre 20 y 40 de anchura, alzó mapas desde diferentes perspectivas -una vez más el dibujo contribuyó a dar verosimilitud a sus fantasías-, estableció fortificaciones, informó de la vegetación local e incluso relató como se había conseguido comunicar con los naturales de la zona, según él de origen asiático, en latín (…?).

Ante aseveraciones y opiniones tan diferentes y opuestas cabe preguntarse: ¿qué había de verdad en el relato de Ferrer Maldonado?, ¿no es mucha casualidad que señalara el estrecho de Anián en una situación muy aproximada al paso del noroeste encontrado por Amundsen y que ambos coincidieran en que en los 60º se entraba en aguas del océano Pacífico?

Nuestro personaje escribió “Relación de descubrimientos del estrecho de Aniam hecho por el autor”, manuscrito del año 1588, cuyo original se encuentra en la biblioteca del Duque del Infantado, “Memorial que presentó al Rey, ofreciendo la Aguja fija y el modo de hallar la longitud en el mar”. Por Real Orden se le ofrecieron por la Aguja tres mil ducados de renta y por la Longitud dos mil. A pesar de haberse gastado parte de lo recibido en la experiencia de lo que ofreció, no se pudo verificar su buen funcionamiento, aunque en el memorial escribió suficiente para que posteriormente otros lo pudieran hacer. De este manuscrito y del anterior, hay copia en el Depósito de Hidrografía.

Hay una obra, cuyo original está en el Archivo de Indias de Sevilla, que está escrita por los capitanes, don Juan Millard y Lorenzo Ferrer de Maldonado, cuyo título es: “Siete memoriales dados al Rey, año de 1615, sobre la aguja fija y grados de longitud”

Por último y como obra póstuma escribió “Imagen del mundo sobre la esfera, cosmografía, geografía y arte de navegar” publicada en la Imprenta de Alcalá de Henares en el año 1626. Entre sus notas biográficas hace mención de haber sido un consumado marinero, que empezó su carrera a los quince años navegando por los mares de Levante y Poniente, el de las Indias, y haciendo otras navegaciones más difíciles, que quiso examinarse de piloto porque así lo vio hacer a otros hidalgos que servían al Rey en las armadas, que se había criado en Flandes y en alguna de las ciudades Anseáticas.

De las ocho partes en que divide su obra, solo la última la dedica a tratar particularmente de la hidrografía y arte de navegar; pero le dedica tan poco espacio y con estilo tan vulgar que no merece mucha atención. Ni en ella habla del descubrimiento del estrecho, como parecía natural describiendo aquellas costas, ni de su invento para hallar la longitud, siendo asunto tan propio del arte de navegar.

El accitano Lorenzo Ferrer Maldonado fallecía en Madrid,-de donde era vecino-,  en 1625, en una casa posada de la calle Silva y por testamento mandó se le enterrara en la capilla de Ntra. Sra. de la parroquia de San Martín.

José Rivera Tubilla

NOTA:

Para este trabajo he tomado como fuentes:

1. “Lorenzo Ferrer Maldonado hombre de guerra, astrólogo, alquimista y ¿marino embaucador?” de Guadalupe Fernández Morente e Ignacio Fernández Vial (3-1-2009)

2. “Lorenzo Ferrer Maldonado, el fabulador fabuloso. Grandes falsarios. Artículo publicado en ABC en Julio de 2010

BIBLIOGRAFÍA:

1. Enciclopedia General del Mar. Garriga 1957. Compilada por el contralmirante D.      Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

2. Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. Tomo 23, 1924. Página 918 y 919.

3. Fernández de Navarrete, Martín. “Historia de la Náutica y de las Ciencias Matemáticas”, Biblioteca Marítima Española. Obra póstuma. Madrid. Imprenta de la Viuda de Calero. 1846

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5 Comments

  1. isabel

    Gracias Jose una vez más por tu escelente articulo, uno no deja de asombrarse ante un personaje de este calado,pero siempre esta el veneficio de la duda,y si no, !ole!su gran imaginación, digno de ser Acitano, saludos de Isabel.

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