Publicamos el artículo Sentido de lo esencial de D. Manuel Amezcua Morillas, una reflexión sobre lo verdaderamente importante en la vida a partir de San Gregorio Magno y San John Henry Newman.
Guadix 3 de Noviembre de 2026

Sentido de lo esencial
Algunas lecturas de dos doctores de la Iglesia, uno muy antiguo y otro recentísimo: San Gregorio Magno (S. VI) y San John Henry Newman (S. XIX), me convocan a intensificar la búsqueda de los esencial…, de aquello que es sustantivo y no simplemente adjetivo, periférico o, todavía peor, insustancial y secundario. Lo esencial corresponde al centro, a lo imprescindible, importante y verdaderamente digno de valiosa significación.
Es bueno notar cómo en muchas ocasiones y en tantos ¡tantísimos! aspectos de nuestra existencia, exterior e interior, nos centramos – mejor dicho, nos descentramos – en lo accidental, circunstancial o anecdótico. Muchas de nuestras penas, enfados y prisas; bastantes de nuestros miedos e indecisiones; no pocas de las soberbias, avaricias y violencias, más o menos disimuladas, se mueven por pequeñeces y necedades.
¿Cómo encontrar el sentido de lo esencial? ¿Cuál es su cultivo? ¿Cómo no descentrarse del eje en el que verdaderamente gira la vida?
Recuerdo con gratitud, siempre insuficiente, que el centro de la vida de mi padre fue la honradez y el trabajo y la centralidad total de la existencia de mi madre fueron la ternura y la confianza. Ambos, en diversas circunstancias muy difíciles, devolvieron bien por mal a personas que les habían hecho daño no escaso. No sólo perdonaron, sino también favorecieron con largueza a sus ofensores. Eso lo he visto yo y lo he experimentado en mi casa de manera continuada. Acogieron con mucho más que entereza la muerte de una hija de diecinueve años y acompañaron mi vida sacerdotal, muy lejos de su tierra, dignificando mi existencia con su sola presencia, en mi remota parroquia extremeña durante dos décadas.
Puedo añadir la grandeza de algunas amistades y la confianza depositada en mí por un viejo obispo sapientísimo que me envió a estudiar en la Gregoriana de Roma durante muchos años. El Arzobispo Montero estaba dotado de esa completa virtud que llamamos elegancia… divina y humana.
Yo sé lo que es esencial: la ejemplaridad rigurosa, humilde, honesta, sencilla, limpia y capaz de amar incluso al enemigo. Yo sé lo que es esencial: lástima que tantas veces me enfurezca o me satisfaga en lo menos importante, fugaz e incluso ridículo.
Atender el florecimiento de la semilla de bondad divina que se ha sembrado en nosotros, dejando fructificar las buenas intenciones para construir una vida en justicia y misericordia…, eso es lo esencial. Lo demás, en comparación, no vale gran cosa. Lo demás, no es para tanto…
Manuel Amezcua Morillas
Fuente: Facebook de D. Manuel Amezcua Morillas
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