El día de Nochebuena de 1568 se inició la sublevación de los moriscos en La Alpujarra extendiéndose pronto por todo el reino de Granada, incluyendo los pueblos y villas de la diócesis de Guadix. El 27 de diciembre se sublevaron Abla y Abrucena y en enero de 1569 el Marquesado del Cenete. De aquí se extendió a otros pueblos y alquerías.

La finalización de la guerra contra los moriscos del Reino de Granada , supuso una cruenta oposición entre castellanos y moriscos. Mientras que los primeros se dedicaron a esclavizar a los moriscos que capturaban, sobre todo mujeres y niños, siendo vendidos en pública subasta al mejor postor, los segundos se emplearon con saña en el asesinato de castellanos, en especial clérigos, el saqueo y destrucción de las iglesias y también en cautivar cristianos que llevarían hasta Argel para posteriormente pedir rescate por ellos.   Como muestra de un enfrentamiento entre moriscos y soldados del ejército castellano tenemos el testimonio de Isabel Lozano, viuda, vecina de Guadix que para poder casarse en 2ª nupcias, necesitaba demostrar que su marido había muerto. En este sentido declaraba “que en  el año 1574, cuando la guerra de este reino de Granada con los moriscos, su marido y otros seis soldados más, viniendo a esta ciudad de Guadix, en el camino de Baza, cerca del barranco del Baúl, salieron a ellos cuarenta o cincuenta moros con sus escopetas y otras armas y mataron a su marido y a otros cinco compañeros, librándose sólo uno y aunque fue gente de guerra para ver lo que había sucedido sólo encontraron a uno de los que habían muerto”. Ella estaba segura que también habían matado a su marido y a los demás, ya que los moros acostumbraban a hacerlo así y no dejaban a nadie vivo por su crueldad y por la gran enemistad que tenían con los cristianos y porque en este tiempo no tenían los moros presidios ni guaridas seguras donde poder llevar a los que cautivaban, aunque se sabía que, cuando fueron hechos cautivos por los moros algunos vecinos de Guadix, fueron llevados a Berbería.

            Los moriscos en esta rebelión también se dedicaron a apresar cristianos que posteriormente vendían a piratas berberiscos. Estos llevaban a los cristianos a Argel u otras ciudades como Tetuán, Larache o Salé y pedían rescate para liberarlos a través, normalmente, de los frailes mercedarios.

            Sobre estos hechos tenemos el testimonio de Catalina Gutiérrez, vecina del cortijo de Alamedilla, mujer de Juan Rosillo, que para poder casarse en 2ª nupcias tiene que aportar pruebas de que su marido ha muerto. Ella declara que hará diez años poco más o menos que su marido fue hecho cautivo en este reino de Granada y llevado a Árgel con otros cautivos cristianos que los moros en aquella sazón cautivaron, entre los cuales estaban Hernando de Amador y Pedro Ruiz, vecinos también de Alamedilla, los cuales han escrito cartas desde Árgel a esta ciudad de Guadix por las que se ha sabido que  estando dispuestos dineros para rescatarlo cesó el dicho rescate y es pública voz y fama que el dicho Juan Rosillo había fallecido, por lo que solicita se averigüe, por el testimonio de testigos, la veracidad de su muerte para que conste su estado de viuda y pueda volver a casarse.

            El primer testimonio es de D. Pedro de la Cueva y Benavides, vecino de Guadix, quien dijo conocer a Juan Rosillo y a su mujer Catalina porque fueron mucho tiempo labradores del cortijo de Alamedilla, donde él residía por el año de 1569, al principio de la rebelión de los moriscos.

            D. Pedro tiene conocimiento que estando Juan Rosillo, su hermano Matías, Pedro Fernández, Hernando Amador y otras personas labrando en su cortijo, un día de S. Simón y S. Judas, los moros sublevados los cautivaron y lo sabe porque los que pudieron escapar fueron el mismo día a la villa de Guadahortuna, donde él estaba y le dieron aviso de lo que había pasado. Enterado de este suceso se volvieron todos en caballos a Alamedilla y cuando llegaron vieron cerca de ellos a los moros y cómo se llevaban cautivos a los ya mencionados sin que pudieran hacer nada por evitarlo.

            Al cabo de un año, o algo más, llegó a Guadix desde Argel una carta de Hernando Amador, uno de los cautivos, dirigida a su mujer Luisa Pérez que estaba en casa de Dª Isabel de Benavides, madre de D. Pedro, y en su presencia se abrió la carta y se leyó y por ella se supo que Hernando Amador, Juan Rosillo y su hermano Matías estaban los tres cautivos en Argel, y que rogaban por amor de Dios que si pudiesen procurasen su rescate.

            Pasado más de un año de esta primera carta, volvió Hernando Amador a escribir otra en la que decía que Juan Rosillo había muerto en Argel, que él lo había presenciado, por lo que ya no era necesario que trataran sobre su rescate.           

            Luisa Pérez, vecina de Guadix y mujer de Hernando Amador, declaraba que ellos vivían en Alamedilla, pero que cuando se inició el levantamiento y rebelión de los moros en este Reino de Granada, por miedo, se fueron a Huelma y desde allí, tanto su marido como otros vecinos, entre los que se encontraba Juan Rosillo, que también había huido a Huelma, iban y venían a Alamedilla para labrar las tierras y estando en esta tarea fueron hechos cautivos por los moros. 

            D. Manuel de Benavides aporta como testimonio de que Juan Rosillo había muerto que estando él en la Armada de D. Juan de Austria, conoció a un turco que estaba en dicha Armada tratando sobre los rescates de los cautivos, que le habló y le pidió que se informase de uno que había en Argel llamado Hernando Amador, también le escribió una carta, que llevó el turco, en la que le decía que le enviase señas por las que se entendiese que era él y así poder tratar de su rescate.

            Al cabo de algún tiempo Hernando Amador le respondió por carta manifestando que pedían por su rescate más de 50 ducados. Junto con la carta recibió otras dos más que le escribía a su mujer Luisa Pérez a través de las cuales enviaba las señas que le había pedido y que le cercioraban de que era el mismo Hernando Amador, además de certificarle que Juan Rosillo había muerto, que se lo dijeran a su hermano Bartolomé Ruiz, que sus hermanos habían sido cautivados junto con él en el cortijo de Alamedilla, en la viña, y que a Matías, hermano menor de Juan Rosillo se lo habían llevado a Turquía. Desde entonces no había sabido ni oído decir nada de Juan Rosillo estando seguro que si éste estuviera vivo en cualquier parte de Berbería él lo habría averiguado.

            Hernando Amador escribió tres cartas a su mujer Luisa Pérez. En la 1ª decía:

“A mi deseada mujer”

            “Sra: una carta de vuesa merced (en adelante v. m.) he recibido, donde me avisa cómo ha llegado allá una memoria de J. Marin de ciertos cautivos en la que decís que no os fiáis de ella y que queréis que os envíe señas claras o de mí o de vos, porque estéis más segura. Digo a v. m. que yo soy Hernando Amador, hijo de Fco Amador, tengo dos dientes menos en  mi cara y con 6 dedos en mi mano izquierda y v. m., mi mujer, tenéis por nombre Luisa Pérez, sois mujer espigada de cuerpo, de color morena, por tanto ruego a v. m. por amor de Cristo nuestro Dios que me envíe el recado lo más presto que pudiere y con la más brevedad que pudiese, porque según los trabajos que paso lo he menester, porque el pagano que me tiene cautivo me hace pasar hambre y sed y me tiene con hierros en los pies y me hace pagar cada día real y medio. Me indicáis que os diga en cuánto me podéis rescatar. En esto yo no os doy certeza,  porque no lo he tratado ni lo sé, mas os digo que enviéis hasta 70 ó 80 escudos a cuenta de a 12 reales y medio cada escudo. También doy a v. m. por mas señas que fui cautivado en la hacienda del Sr. D. Pedro de la Cueva, media legua por debajo de las ventas del Hacho. Me enviáis a decir que vuestros hermanos Cristóbal y Clemente murieron de que me ha pesado tanto como de mi desgracia, Cristo Ntro. Sr. los reciba en su santa gloria”

            La 2ª carta decía:

            “A mi señora la Sra. Dª Isabel de Benavides y a todos sus hijos principales caballeros y principalmente al Sr. D. Diego de la Cueva, al Sr. Pedro de la Cueva y al Sr. Alonso de Benavides, al Sr. Manuel de Benavides y a la Sra. Dª Juana y a la Sra. Dª María, religiosa, que así como ella fue intercesora para casarme con v. m. así ella sea intercesora para sacarme de esta cautividad y hacerme esta buena obra de sacarme de tanta miseria y trabajos en que estoy. A todos humilde, a quienes beso las manos, me encomiendo mucho y les ruego  por amor de Dios que la presente carta la tengan por recibida, porque no les puedo escribir particularmente, porque la miseria de acá no la puedo soportar más y les diréis que me favorezcan con las migajas que caen debajo de su mesa para sacarme de acá y que me tengan por su esclavo y echarme una cadena, aunque con las mercedes que me han hecho y la buena voluntad que he visto me la han echado ya y que si de acá me sacan seré hombre para servirles y trabajar y sustentar y mantener su hacienda.

            Le ruego, por la pasión de Ntro. Sr. Jesucristo, que me perdone los enojos que le he dado y que ruegue a Dios por mí. A mi hermano Tomás Amador y mi hermana Ana Amador y a su marido Bartolomé Ruiz, a mi tía Isabel Amador, les daréis mis recados.      Sra. enviaréis una carta a esa villa de […] a todos mis deudos y parientes para que me favorezcan con lo que pudieren y no siendo para mas a v. m. me encomiendo. Cristo Ntro. Dios os de salud y prosperidad y a mi me dé gracias que os vea y sirva en libertad. En Argel a 25 de diciembre de 1571

            Sra., diréis a Bartolomé Ruiz que sus hermanos fueron cautivados conmigo, el mayor Juan Rosillo murió y el menor pienso que lo pasaron a Turquía porque no sé de él. Sra., el que os desea ver en libertad, vuestro marido Hernando Amador”

NOTAS: 

1.- Rui Pérez de la Cueva, Regidor perpetuo de Guadix, casado con Dª Isabel de Benavides fundaron en 1543 un mayorazgo que otorgaron a favor de su hijo D. Diego de la Cueva. A este mayorazgo adscribieron el cortijo de Alamedilla.

2.- El documento original del que he realizado este trabajo se encuentra en el Archivo Histórico Diocesano de Guadix. Caja 4130, doc. 13

                                   Autor: José Rivera Tubilla

                                   Fuente: Archivo Histórico Diocesano de Guadix