Dentro de la serie Accitanos Insignes, Don Pedro de Mendoza y Luján nació en Guadix hacia 1489 o 1490. Adelantado del Río de la Plata, encabezó la gran expedición que en 1536 fundó el primer asentamiento de Buenos Aires. Un monumento en la capital argentina recuerda todavía a este accitano universal.
Esta semblanza forma parte del libro «Semblanzas de accitanos insignes a través de la historia», del investigador accitano José Rivera Tubilla, que puedes descargar gratis aquí.
A continuación puedes leer su semblanza completa. Además, al final encontrarás las notas y fuentes del autor.
Semblanza de Pedro de Mendoza
Su nombre completo fue D. Pedro de Mendoza y Luján y nació en Guadix a finales del s. XV, 1489 o 1490, según los historiadores. Hijo de D. Fernando de Mendoza Luna y Sandoval de la Vega, sobrino nieto del cardenal Mendoza, uno de los 200 caballeros que entraron en Guadix como conquistadores, señor de Valdemanzanos, y doña Constanza de Luján, natural de Madrid y criada de la duquesa del Infantado.
Sobre los abuelos paternos no hay seguridad, pues mientras unos dicen que fueron D. Pedro González de Mendoza y Luna, señor de Tordehumos y Doña Mencía de la Vega, hija única de D. Diego de Sandoval y Doña Leonor de la Vega, otros ponen como abuelos paternos a D. Juan Hurtado de Mendoza, señor de Fresno de Torote y su 3ª esposa Dª Elvira Carrillo. Sus abuelos maternos fueron D. Diego de Luján, comendador de la Orden de Santiago y Doña María de Ludeña, hermana del Comendador Ludeña «el viejo».
Pedro de Mendoza: entre 1521 y 1533
Según el historiador Paul Groussac, nuestro personaje, pasados sus años juveniles en Guadix, debió entrar en la corte de Carlos V de la mano de su pariente D. Pedro González de Mendoza, mayordomo del emperador, figurando en un “estado de los oficiales” de la casa de Carlos V del año 1521 como paje de cámara con una asignación de seis sueldos diarios. En 1522 acompañó al emperador en su viaje a Inglaterra. Unos años más tarde asciende a la categoría de “gentilhombre de cámara”.
En la capitulación otorgada por Carlos V para el adelantamiento se dice: “Don Pedro de Mendoza, mi criado y gentilhombre de mi casa”. En 1524 fue admitido en la orden militar de Alcántara cambiando más tarde este hábito por el de Santiago por consejo de su padre. En noviembre de 1526 embarcó hacia Italia participando en la campaña contra el papa Clemente VII y según algún historiador intervino en el saqueo de Roma en 1527.
Por el año 1533 Pedro de Mendoza estuvo en su ciudad natal para tratar asuntos relacionados con la herencia familiar, a la muerte de su padre, por verse agraviado en las particiones que habían hecho sus hermanas durante su ausencia.
Otros momentos de su vida
Mendoza, influenciado tal vez por las hazañas de Hernán Cortés en su conquista del mundo azteca, no dudó en ofrecerse para organizar la expedición que se preparaba con destino al Río de la Plata, aunque no deja de sorprender tal decisión teniendo en cuenta que padecía una sífilis galopante.
El 21 de mayo de 1534, en Toledo, se le concedió a Mendoza la capitulación para “conquistar y poblar las tierras y provincias que hay en el río de Solís, que llaman de la Plata…y por allí calar y pasar la tierra hasta llegar a la mar del Sur, donde tengáis 200 leguas de costa de gobernación que comienza donde acaba el gobierno encomendado a D. Diego de Almagro hacia el estrecho de Magallanes”.
En 1567
Se obligaba a llevar a su costa desde España mil hombres, aunque en el primer viaje sólo llevaría quinientos, con el mantenimiento necesario para un año y 100 caballos yeguas y otros quinientos los dos años siguientes con el mismo bastimento y con las armas y artillería necesaria. Se le prometía nombrarlo Gobernador y Capitán General de las dichas 200 leguas de costa del mar del Sur con salario de mil ducados de oro cada año y dos mil ducados de costa de los que gozaría desde el día que empezara a navegar que le serían pagados de las rentas y provechos pertenecientes al Rey obtenidos de las tierras que fuera conquistando.
También se le dio el título de Adelantado y Alguacil Mayor de las tierras que descubriera y poblara. Le autorizaron a levantar hasta tres fortalezas de piedra, donde estimara oportuno, para la defensa y pacificación del territorio. Se le obligaba a llevar consigo un médico, un cirujano y un boticario para curar a los que enfermaran en el viaje y en la tierra donde llegaran y, además, los religiosos que el Rey le señalara, siendo su misión no sólo convertir a los nativos a la fe católica, sino también emitir su parecer y control sobre cualquier acción que protagonizasen los soldados.
Pedro de Mendoza: otros hechos de 1567
No existe acuerdo entre los distintos cronistas sobre el número de navíos y hombres que lo acompañaron. Aunque el bávaro Ulrico Schmidl, que le acompañó en el viaje y fue autor del libro “Viaje al Río de la Plata (1567), en un cálculo exagerado hablaba de 2.650 personas, sin embargo, el cálculo más ponderado y contrastado parece indicar que la expedición de Mendoza oscilaría entre las 1.500 y 2.000 personas.
Aunque en el documento de capitulaciones sólo se habla de los hombres que estaba obligado a llevar en su flota, sin embargo, diversos documentos certifican la presencia femenina en la armada de Mendoza[1]. Se sabe, gracias a uno de los tres codicilos dictados por Pedro de Mendoza entre el 11 y el 13 de julio de 1537, poco antes de morir, que encargó a sus albaceas que a María Dávila, su criada, contagiada de sífilis y que, según afirmaba, iba doliente en la nao, le dieran al llegar a Sevilla lo que les pareciera para que se pudiera curar.[2]
En una carta de Isabel de Guevara de 1556 decía: “avemos venido çiertas mugeres […] con mill é quinientos hombres”.
Más detalles de su biografía
Así narra su labor en aquellas tierras:
“Vinieron los hombres en tanta flaqueza, que todos los trabajos cargavan de las pobres mugeres; ansi en lavarles las ropas, como en curarles, hazerles de comer […], alimpiarlos, hazer sentinela, rondar los fuegos, armar las vallestas, […] cometer á poner fuego en los versos, y á levantar los soldados, […] dar arma por el campo á bozes, sargenteando y poniendo en orden los soldados; porque, en este tiempo, como las mugeres nos sustentamos con poca comida, no aviamos caydo en tanta flaqueza como los hombres”.
Entre las personas que testificaron sobre el asesinato de Juan de Osorio figuran dos mujeres: Catalina Pérez, -criada del Adelantado-, y Elvira Pineda, -criada de Osorio-, y si se les llama para testificar es que iban en el barco cuando sucedió el crimen.
En el número de naves sí parece existir más acuerdo coincidiendo la mayoría de historiadores en el número de 13 naves a las que se unieron otras tres a su llegada a Canarias. De estas naves sólo llegaron 14. La nao capitana era “La Magdalena”, propiedad de Mendoza, en la que hizo el viaje de ida y vuelta, acompañada por el galeón “San Antón”.
En 1535
En la expedición le acompañaron su hermano Diego de Mendoza, sus sobrinos Pedro y Luis de Benavides, su amigo íntimo y paisano Francisco Ruiz Galán y Rodrigo de Cepeda, hermano de Santa Teresa de Ávila, que murió en tierras chilenas el 10 de agosto de 1547. Además de estos le acompañaron 32 mayorazgos, caballeros de diversas órdenes, capitanes de tercios y gente venida de Alemania, Holanda, Austria y otros países del Norte de Europa. Con el Adelantado también embarcaron frailes mercedarios y jerónimos para la evangelización de los nativos.
La expedición hacia el Nuevo Continente zarpó de Sanlúcar de Barrameda el 24 de agosto de 1535 con rumbo a las islas Canarias, donde se unieron tres barcos más y 300 personas. Se dice que fue la mayor armada que se había enviado hasta entonces en dirección al Nuevo Mundo. Durante la travesía tuvo lugar el episodio más oscuro y negativo en la biografía de Pedro de Mendoza. Juan Osorio, que era su lugarteniente y justicia mayor de su expedición, por estar él ya enfermo de sífilis, fue acusado por Juan de Ayolas de planear una rebelión y de animar a la tropa a que negase la autoridad de Mendoza. Éste, sin demasiadas indagaciones ni comprobaciones, y sin ser oída su defensa, dictó sentencia de muerte contra Osorio que fue ejecutada en una playa brasileña donde habían tomado tierra.
Pedro de Mendoza: otros hechos de 1535
A finales de 1535 las naves que quedaban llegaron a la desembocadura del Río de la Plata, reconocieron el territorio para buscar un lugar adecuado donde levantar la ciudad con buenas condiciones para el establecimiento de un puerto. La zona elegida fue lo que hoy se conoce con el nombre de Riachuelo. La fundación tuvo lugar en los primeros días de febrero de 1537, sin apenas ceremonia debido a las dolencias de Mendoza. La ciudad fue bautizada con el nombre de Puerto de Nuestra Señora Santa María del Buen Aire. Pronto fue sustituido por el más abreviado de Puerto de Buenos Aires. Tal nombre guardaba relación con el culto a la virgen del Buen Aire, patrona de los navegantes y muy venerada por los frailes mercedarios.
El emplazamiento se redujo a un solar cuadrado de 150 varas, defendido por un foso y una empalizada. En su interior se levantó una casa-fuerte para el Adelantado y un centenar de chozas para la tropa, una iglesia y almacenes. Las paredes eran de adobe y barro, las cubiertas de cañas o juncos, las ventanas y puertas de algarrobos silvestres. Los trabajos de edificación ocuparon a la gente durante los primeros meses, sólo interrumpidos para la obtención de víveres. La escasez de alimentos y los asedios de los indígenas fueron los principales obstáculos para su consolidación.
Otros datos de interés
Una vez que volvió la tranquilidad a la ciudad, Mendoza aprovechó esta situación para iniciar nuevas exploraciones en seguimiento de las míticas riquezas de La Sierra de la Plata poniendo al mando de la expedición a Juan de Ayolas, quien río arriba fundó el fuerte de Corpus Christi. Los que permanecieron en Buenos Aires, para contener a los nativos que los hostigaban continuamente, iniciaron la construcción de un pequeño fuerte próximo al arroyo de las Conchas.
Estando en esta ocupación fueron atacados por “guaraníes y pampas”. Al mando de la defensa del fuerte estaba Diego de Mendoza, hermano de Pedro, en cuyo combate perdió la vida, además de sus sobrinos Pedro y Luis de Benavides y los capitanes Medrano y Manrique. Mendoza fundó otro fuerte al que bautizó con el nombre de Nuestra Señora de Buena Esperanza, a unas cuatro leguas del de Corpus Christi, junto al río Paraná, que tuvo una vida breve por no poder abastecerse.
Entre 1580 y 1936
Mientras tanto, la enfermedad de Mendoza se agravaba. La mayor parte del tiempo la pasaba postrado, contemplando impotente el desmoronamiento de su empresa. Intuyendo muy próximo el fin de sus días, decidió regresar a España. Embarcó en la carabela Magdalena el 22 de abril de 1537. Mediada la travesía se aceleró la enfermedad. Murió en alta mar el 23 de junio de ese año a la altura de las Islas Canarias. Su cuerpo, descompuesto precipitadamente, fue arrojado al océano al día siguiente.
El poblado de Buenos Aires apenas le sobreviviría. Fue abandonado y sus habitantes trasladados a Asunción. Hubo que esperar hasta 1580 para que Juan de Garay levantara el segundo y definitivo Buenos Aires. En 1936 la ciudad le erigió un monumento con motivo del IV Centenario de su fundación. Al pie de la efigie de Mendoza se lee: «Don Pedro de Mendoza, fundador de Buenos Aires, en su IV Centenario (1536-1936). Buenos Aires es su inmortalidad».
Notas y fuentes
- “Mujeres en la expedición de Pedro de Mendoza: cartas, crónicas y novelas; verdades, mentiras, ficciones y silencios”. Mar Langa Pizarro. Revista América sin nombre, nº 15 (2010)
- Anales de la Biblioteca, 1912, p. 166. Buenos Aires, Coni Hermanos.
Texto: José Rivera Tubilla, «Semblanzas de accitanos insignes a través de la historia». Más información sobre la ciudad en Guadix (Wikipedia).

