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Las Cuevas de Guadix y su partido | Año 1891

Las Cuevas de Guadix y su partido

Cuevas de Guadix y comarca
Cuevas de Guadix y comarca

Molesto es el viaje de doce horas en coche para un trayecto de ocho leguas que dista Guadix de Granada por camino que llaman carretera y con pendientes de 25° para ascender hasta los nevados “Dientes de la Vieja” y bajar luego al “Molinillo”; pero todo queda compensado para quien por primera vez visita este país, con la sorpresa, al llegar a Purullena, de una población troglodita situada en las estribaciones de Sierra Nevada, bajo un suelo ondulado de suaves colinas que se elevan sobre valles bien cultivados.

Cuenta Purullena ­328 vecinos, que viven en cuevas, a excepción de unos 50 que tienen sus casas de uno o dos pisos construidas de mampostería.

Después he sabido, y en parte he visto, que en el partido judicial de Guadix existen muchas poblaciones trogloditas, entre ellas Benalúa, con 200 vecinos y sin más viviendas fuera de tierra que la iglesia, la posada y la casa que perteneció al conde de Benalúa.

Paulenca tiene 60 vecinos y sólo la iglesia y una casa sobre la superficie, Charches, 180 vecinos que viven en cuevas y 12 en casas de mampostería, El Raposo, 50 vecinos que habitan en cuevas y unos 18 en casas; Esfiliana, 100 vecinos bajo tierra y 150 sobre la superficie; Alcudia 400 vecinos, de los que 200 habitan en cuevas y Graena, 200 vecinos у 14 casas, inclusas las del balneario.

Con referencia a esta población decía un escritor árabe, -si mal no recuerdo Abul­-Hasan-ben-­Nazar-: Y en jurisdicción de Guadix está la fortaleza Yiliana (Graena) grande y comparable a las ciudades…” Pero no conserva ya vestigio alguno de su contada grandeza, si es que la tuvo, ni tampoco huellas de la fama que le dieron las abundantes cosechas de riquísimas manzanas que desde lejos percibían la vista y el olfato por sus­ brillantes colores y exquisito aroma.

No ha quedado ni señal del cultivo de esta fruta.

De Guadix no quedan más que restos deformes de sus antiguas murallas y alcazaba, nada de la sólida belleza de los edificios que menciona el poeta citado.

Pero hay indicios de que en época posterior hubo empeño en borrar toda huella de la dominación sarracena y de su elegante y esbelta arquitectura; pues rendida esta ciudad antes que Granada no ha quedado a la vista ni un arco, ni un ajimez, ni una inscripción si se exceptúan los techos de algunas iglesias, que es de presumir sirvieron antes de mezquitas a los fieles muslimes.

Hace, sin embargo, pocos meses que se descubrió un arco árabe con elegante ornamentación de escayola en el patio de la casa del beneficiado de la catedral D. José Carvajal.

Al intentar abrir portillo para colocar una puerta en el muro del patio aparecieron a los primeros golpes que dio el albañil unas figuras geométricas que llamaron la atención del se­ñor Carvajal, el cual dispuso la suspensión de la obra y provisto él mismo de grave paciencia logró desprender poco a poco el espeso revoque de cal con que estaba cubierto el arco hasta dejarlo como cuando salió de manos del artista, sin deterioro alguno. Carece de inscripciones.

En esta episcopal ciudad puede decirse que no existe, o no se conoce, bajo el punto de vista históriсо y arquitectónico, ningún edificio notable a excepción de su hermosa y bien conservada catedral, cuya construcción empezó a principios y terminó a fines del siglo próximo pasado.

Tampoco carecen de mérito relativo los arcos y escudos de la plaza y la sala capitular del Ayuntamiento.

Guadix es, si no por sus edificios, como los pueblos antes indicados y otros que por abreviar omito, notable por sus cuevas.

Su aspecto a primera vista es desagradable y la palabra troglodita parece que nos hace retroceder de un vuelo a edades prehistó­ricas en que el hombre estaba bien lejos de atribuirse el título de rey de la creación.

Poco a poco la vista se va acostumbrando, y el primer efecto repulsivo se va convirtiendo en curio­sidad, tras esta viene la observación, se suman datos, se hacen comparaciones y no es la cueva la que sale peor librada de la comparación en igualdad de circunstancias.

Tiene Guadix de 15 a 16.000 habitantes, de los que 10 u 11.000 habitan en cuevas.

El terreno por su constitución y otras especiales circunstancias convida y favorece este sistema de alojamiento.

Guadix y las poblaciones inmediatas están situadas sobre enorme masa de aluvión, arena y sedimentos de arcilla que hace sospechar sirvieron en tiempos remotos de asiento a dilatada laguna.

Las aguas, que indudablemente sirvieron de vehículo a los materiales que forman las numerosas capas de un espesor que excede de 150 a 200 m. trasportados de las próximas Sierra Nevada y de Gor, después de haberse abierto paso dejando el lago en seco, sirven ahora para llevarse de modo lento pero constante las tierras que antes habían reunido formando la extensa llanura que los árabes llamaron Uad-el-Axat y el Send y que constituye próximamente la zona del partido judicial de Guadix y la llanura en que están sentados los pueblos del marquesado de Zenete.

Por la transformación del terreno a través de los siglos se han formado profundos barrancos, mesetas y colinas que se cortan y dividen y quedan en montículos aislados en forma de conos, prismas y pirámides.

Estos montículos aislados en los que predomina la arcilla, son los más a propósito para labrar cuevas habitables por 1o preservadas que resultan de la humedad, sin filtraciones de lo alto, puesto que el agua se escurre con tanta rapidez como en los tejados de mayor inclinación y sin vías de agua ni filtraciones laterales, por la solución de continuidad del terreno que generalmente se elige para esta clase de viviendas.

Las cuevas de Guadix se labran o pican en terrenos de acarreo, donde domina unas veces la grava, pero más generalmente la arcilla.

Una y otra formación ofrecen suficiente garantía de seguridad y consistencia.

Si existe o se presenta algún estrecho filón de arena, suelen taparlo, fijándolo con mortero para evitar desprendimientos.

Así las capas de arcilla como las de grava en el acto de picar la cueva se dejan cortar fácilmente, las de arcilla ceden a la acción del dedo, si con éste se empuja a manera de punzón, pero se endurecen luego por la acción del aire hasta el extremo de costar trabajo clavar un clavo.

No hay orientación fija para las cuevas, se adaptan a las condiciones del terreno, según el que corresponde a cada habitante.

Hay cuevas que ocupan un solo montículo y hay algunos de estos bajo los cuales existen varias cuevas con sus correspondientes muros naturales de separación.

Los tabiques y la fachada exterior suelen tener de 1 a 1,05 m. de grueso. No hace muchos años las chimeneas, según se dice, concluían en la superficie del terreno con grave peligro de los transeúntes, ahora terminan de varios modos: v. g. con media tinaja colocada sobre el agujero de la chimenea para que el humo salga por la boca, pero lo general es terminarlas en forma de cono truncado hecho de mampostería, blanqueadas al exterior y elevadas de 1 a 2 m. sobre la superficie.

Al principio no puede el observador darse cuenta del efecto que produce el ver una extensión considerable de terreno ondulado de colinas y cubierto de blancas chimeneas que echan humo, como si estuviese cuajado de diminutos volcanes, pero colocándose en ciertos puntos de vista se puede también ver las blanqueadas portadas de las cuevas.

Para labrar estas se hace previamente un desmonte en el terreno elegido, -del cual resulta comúnmente una placita horizontal-, y otro corte vertical.

Cada uno de estos planos tiene la forma de un trapecio y quedan unidos por sus bases menores.

El plano de cada uno de los taludes laterales resulta con la forma de un triángulo rectángulo, los taludes se acercan más o menos a la vertical, según la consistencia del terreno, y sirven de muro de contención, a la vez que de refuerzo al muro vertical que hace de fachada.

En cuanto a la altura he visto algunas de dos pisos, incluso me han dicho que en Benalúa las hay de tres.

En el centro del corte vertical de la fachada trazan los albañiles la puerta, terminando en arco que también ha de servir de ventana.

Dejan 1 m. ó 1,50 m. de espesor y luego siguen picando de frente y a los costados hasta terminar el hueco del vestíbulo, que llaman portal, terminado arriba en forma de bóveda o en dos arcos de círculo que se cortan en el centro.

El portal y las demás habitaciones suelen tener 2,50 m. de ancho, el largo es variable y la altura 2,50 m. en el centro y solamente 2,10 m. en los arranques de la bóveda.

A derecha e izquierda del portal se traza el arco de entrada para la cocina y en el lado opuesto otro para la cuadra con dimensiones muy semejantes a las indicadas.

En el mismo portal y frente a la puerta de entrada se abre el arco para la habitación que suelen destinar a dormitorio.

Si hay terreno disponible o que está limitado por otra cueva, se abre en la segunda habitación, frente a la puerta de entrada, otra habitación y después otras laterales, según el tiempo, las necesidades y recursos. Generalmente no disponen de más luz que la que entra por la puerta, ni de más ventilación que la establecida entre ésta y la chimenea.

Hay sin embargo muchas cuevas que, ya solas, ya en vecindad con otras, según la disposición y dimensiones de las colinas o de los montículos, tienen ventanas, bien en dirección opuesta a la puerta, bien en uno o en los dos costados; pero, aunque no tengan más luz que la de la puerta no son las cuevas tan oscuras como pudiera uno creer antes de haber estado dentro.

Es costumbre blanquearlas frecuentemente con lechadas de cal. Algunas, muy pocas, se revisten con ligera capa de yeso antes de blanquearlas. Algo más generalizado está el empleo de las baldosas para el suelo.

Lo general es, después de alisar con herramientas las paredes, arcos y aristas de los ángulos entrantes y salientes, proveerse de una brocha, comúnmente de hoja de palmera, que emplean a modo de hisopo con cal bastante espesa disuelta en agua.

De este modo con cuidado y paciencia y lechadas sucesivas llega a formarse una costra delgada que cubre por completo a la arcilla, pues si se aplicase directamente la brocha se desmoronaría aquella sin admitir la cal.

Así consiguen conservar muy blancas las cuevas, de modo que las paredes, los arcos y las bóvedas sirven de reflectores que reciben y devuelven la luz que entra por la puerta trasmitiéndola a los lados opuestos y así todo queda iluminado.

Esto lo saben por experiencia sus moradores y acaso también por intuición saben o sospechan la benéfica acción de la cal bajo el punto de vista higiénico.

El hueco de la chimenea, -el preciso para dar salida al humo-, se abre de dentro a fuera y de abajo a arriba, teniendo a veces que emplear primero la barra y luego un instrumento que la sustituye con larguísimo mango.

El precio del desmonte suele ser de 47 a 54 céntimos de peseta por metro cúbico.

En las cuevas se disfruta una temperatura casi igual todo el año. En la cama emplean la misma ropa en invierno que en verano, de modo que las viviendas resultan más económicas que las casas por el menor combustible que necesitan en el invierno, que suele ser aquí largo y crudo, y porque la reparación y entretenimiento de las cuevas exigen menos gastos que las de las casas.

El médico de Guadix D. Juan Jiménez me ha asegurado que las enfermedades, en igualdad de condiciones, son menos frecuentes en las cuevas y que en su larga práctica de visitar enfermos ha observado rarísima vez mal olor, ni aún el especial de aquellos que se perciben al entrar en los dormitorios por mucho aseo que haya en estos.

¿Es la cal, con los frecuentes blanqueos o la gran masa de tierra seca de que están rodeadas las habitaciones en las cuevas lo que produce la absorción de miasmas y gases?

Se ha observado también que los frutos se conservan mejor en las cuevas que en las casas, especialmente la fruta, sobre la cual he oído decir a un propietario que después de concluírsele la que guardaba en casa acudió a la de la cueva, donde se conservaba fresca.

El tipo general de cueva es de cuatro o seis compartimientos, incluyendo el portal, cuadra y cocina y suele valer cada cueva 16, 20, 25 y 30 duros. Otras son tan reducidas que casi viven revueltas personas y animales, muchas valen 4, 8, 12.000 reales y las hay también de lujo, como la llamada del Magistral, hoy Arcediano de la catedral, que se calcula no habrá costado menos de 5.000 duros.

La mayor parte están inscritas en el Registro de la propiedad y pagan contribución, unas libres de todo censo, otras que pagan el canon anual de una, dos, tres o más pesetas al dueño del terreno y algunas pertenecen a no sé qué obras pías, cuyo canon percibe el párroco. Los que actualmente labran cuevas en terrenos del Ayuntamiento se limitan a dar aviso de haberlas construido para que las incluyan en el amillaramiento[3] y quedan como propiedad particular con un censo moderado que pagan al municipio.

En el invierno, cuando no tienen qué hacer y se hallan sin jornal, suelen los pobres dedicarse a picar poco a poco una cueva que luego venden o utilizan por sí mismos.

En igualdad de circunstancias el valor crece o disminuye en razón inversa de la distancia a que se halla del núcleo de población.

El censo anual de las antiguas cuevas de Benalúa consistía en una gallina que no siempre percibía quien a ella tenía derecho, pero después que el Conde de Benalúa ha vendido las tierras, fincas y derechos que allí tuvo, el actual propietario exige, según se me ha dicho de 2,50 a 5 pesetas, con cuya exigencia aquellos vecinos no están muy conformes, habiendo suscitado esto un orden de cosas especialísimo.

El término de Guadix llega hasta las mismas cuevas o pueblo de Benalúa y a muchos benaluenses les ha dado por picar nuevas cuevas en jurisdicción de Guadix, resultando un barrio tan crecido como el antiguo pueblo, del cual está separado no por estrecha calle, porque allí no hay calle, sino por estrechísima senda.

Esto produce un quebranto en los intereses del municipio de Benalúa, pues no sólo están allí exentos de consumos los que habitan bajo tierra de Guadix, sino que resulta inevitable el matute, puesto que los tenderos de las cuevas guadiseñas facilitan más barato a los benaluenses el aceite, el petróleo, el vino, etc… que introducen fácilmente debajo de la manta o del delantal con solo atravesar de uno al otro lado de la senda.

Los del barrio guadiseño, como otros barrios anexos, se entienden directamente con su municipio mediante una cantidad arbitral siempre muy inferior a la que pagan los que viven en la ciudad y sus arrabales.

Ignoro si existen documentos que lo atestigüen, ni aun de época más moderna, pero es creencia general en Guadix que hay cuevas cuya antigüedad se iguala a la de los primeros habitantes de la ciudad.

La causa principal de deterioro o destrucción de las que están próximas a la superficie suelen ser las filtraciones del agua pluvial por lo que procuran los moradores conservar la superficie exterior de modo que el agua no se estanque y tenga pronta y fácil salida.

Las cuevas que amenazan ruina se abandonan o se reparan con arcos de ladrillo. Los gitanos suelen utilizar las deshabitadas, de estas hay muchas que son ya inaccesibles, abiertas en elevadas cortaduras verticales a 10, 20 y 30 metros de altura.

He visitado, entre otras, una de no imposible, pero de penoso acceso, en útil estado de conservación, revestido de ladrillo el arco de entrada con varios compartimentos y una escalera para el segundo piso, donde hay un mirador sin antepecho a bastante altura con hermosas vistas a Sierra Nevada, a los pueblos del Marquesado, a la ciudad y vega de Guadix.

En la planta baja se conservan pinturas e indicios de haber servido de templo o capilla. D. Juan Serrano y Gómez


[1] “El Accitano”. Año I, nº 8 de 13-12-1891, nº 9 de 20-12-1891

[2] Esta población, según dice el autor de este artículo, es la que tenía en 1891

[3] Reparto que se hace entre los vecinos de las contribuciones según la fortuna de cada uno

[4] Juan Serrano Gómez (1837-1898), fue un escritor regeneracionista y militar español. Adquirió experiencia en las guerras carlistas y en los conflictos de Filipinas.

Desde 1885, colaboró con Joaquín Costa en la redacción de informes sobre el campo castellano y andaluz y sobre la organización colonial española en Filipinas.

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