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25 de Octubre: El Aula Abentofail de Poesía y Pensamiento retoma el curso tras el descanso vacacional con la participación del teólogo José María Castillo y la conferencia “¿Puede la religión ayudarnos a salir de la crisis?”

La cita es el viernes 25 de octubre a las ocho de la tarde en la sede de la Fundación Pintor Julio Visconti
El Aula Abentofail de Poesía y Pensamiento, dirigida por el escritor Antonio Enrique y organizada desde el área de Cultura del consistorio accitano, retoma este mes de octubre su actividad e inicia un nuevo curso tras el descanso vacacional. Como es habitual, el Aula se celebrará el último viernes del mes, el próximo día 25 de octubre, aunque en esta ocasión se ha decidido cambiar la habitual ubicación del patio del Ayuntamiento por la sede de la Fundación Pintor Julio Visconti. Allí, el público accitano tendrá ocasión de disfrutar de la intervención del teólogo José María Castillo presentada bajo el tíutlo “¿Puede la religión ayudarnos a salir de la crisis?”. Como siempre, a las ocho de la tarde y con acceso libre para todo el que desee asistir, tal y como recuerda la concejala de Cultura, Marina Sánchez.

Más datos sobre José María Castillo
Nacido en Puebla de Don Fadrique en 1929, realizó sus estudios básicos y medios en la Academia de Don Joaquín Alemán en la capital de la provincia. En 1946, ingresó en la Compañía de Jesús, debiendo abandonar el noviciado por motivos de salud. Estudió Filosofía y Teología con los jesuitas en Granada, licenciándose en Teología en 1955. Por segunda vez, ingresó en los jesuitas en 1957. Durante cuatro años ejerció de director espiritual en el seminario menor de Guadix. Completó sus estudios en la Universidad Gregoriana de Roma, donde en 1964 obtuvo el doctorado en Teología Dogmática. Desde este año a 1967 desempeñó el cargo de director espiritual de los estudiantes jesuitas de Humanidades, siendo nombrado poco después profesor titular de Teología Dogmática en la Facultad de Teología de Granada. Ha sido, asimismo, profesor invitado en las universidades de Comillas, Gregoriana de Roma y de El Salvador en Centroamérica, entre otras. En mayo de 2011, fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Granada.
Autor de varios centenares de artículos de investigación y divulgación en revistas especializadas españolas, italianas, portuguesas, francesas, alemanas, etc., ha publicado más de treinta libros, entre los que figuran: La alternativa cristiana (Salamanca, 1980), Símbolos de libertad, Teología de los sacramentos (Salamanca, 1980), Teología para comunidades (Madrid, 1985), El Reinado de Dios (Bilbao, 1993), La Ética de Cristo (Bilbao, 2002), Dios y nuestra felicidad (Bilbao, 2001), Espiritualidad para insatisfechos (Madrid, 2007), Víctimas del pecado (Madrid, 2008), La humanización de Dios, ensayo de Cristología (Madrid, 2009) y La humanidad de Dios (Madrid, 2010).

Un texto de José María Castillo
No es lo mismo hablar de Dios que hablar de religión. Ni Dios es una pieza más (la más importante) de la religión. Se puede estar de acuerdo con Dios y en desacuerdo con la religión, sea la que sea. Es más, se puede afirmar con seguridad que, con demasiada frecuencia, lo que han hecho las religiones ha sido desfigurar a Dios y presentarlo de tal manera que a muchas personas se les hace muy difícil, por no decir imposible, creer en él. ¿Por qué?
Cuando hablamos de Dios, en realidad, ¿de qué estamos hablando? Lo que especifica a Dios, lo que lo diferencia radicalmente de todo lo que no es Dios, es que Dios es el Trascendente. Es decir, Dios es específicamente el que “trasciende” nuestra capacidad de conocimiento. Por tanto, Dios está más allá de todo cuanto puede alcanzar nuestra razón. O sea, lo más exacto que podemos decir de Dios “en sí mismo” es que no podemos conocerlo. Porque está más allá del campo puramente inmanente de nuestra capacidad de conocer.
Entonces, cuando las religiones nos dicen que Dios es así o de otra manera, que Dios dice esto o lo otro, o que quiere tal cosa, las religiones ya no hablan de Dios “en sí mismo”, sino de las “representaciones” de Dios que nos hacemos los humanos. Porque cuando Dios, que está más allá del horizonte último de nuestra capacidad de conocer, entra en el campo inmanente de lo que nosotros podemos alcanzar con nuestra razón, ya no estamos hablando de Dios en sí mismo, sino de la representación de Dios que nosotros nos hacemos.
Se produce entonces lo que Paul Ricoeur ha llamado acertadamente el proceso de “conversión diabólica”, en virtud del cual el Absoluto, el Trascendente, degenera en “objeto”. Insisto: nosotros no tenemos capacidad de acceso nada más que a los objetos que están a nuestro alcance. Y esto no es sino la “objetivación” o mera representación de Dios.

De “La conversión diabólica de Dios”,
diario Ideal, 29.8.2008

GABINETE DE PRENSA. AYUNTAMIENTO DE GUADIX.

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