Accitanos Insignes: El venerable fray Miguel Martínez, dominico accitano

Dentro de la serie Accitanos Insignes, Fray Miguel Martínez nació en Guadix en 1546, hijo de labradores de buena fama. Ingresó en el convento de Santo Domingo de su ciudad y, aunque una dificultad en el habla le impidió predicar desde el púlpito, su caridad y su labor en el confesionario le valieron fama de santidad.

Esta semblanza forma parte del libro «Semblanzas de accitanos insignes a través de la historia», del investigador accitano José Rivera Tubilla, que puedes descargar gratis aquí.

A continuación puedes leer su semblanza completa. Además, al final encontrarás las notas y fuentes del autor.

Fray Miguel Martínez - Semblanzas de accitanos insignes

Semblanza de Fray Miguel Martínez

Nació en Guadix en 1546, hijo de padres honestos, labradores, personas de buena fama que lo criaron con atenta y sana educación. De niño lo llevarían a la escuela para que aprendiera las primeras letras. Siendo joven ingresó como novicio en el convento de Sto. Domingo de Guadix de la Orden de Predicadores.

En 1577 tomó el hábito e hizo los votos perpetuos, enviándolo su Orden a que hiciera estudios eclesiásticos. Cuando los acabó se dedicó a la predicación, que era el objetivo principal que quiso su fundador Santo Domingo, sin embargo, no pudo ejercer este ministerio en el púlpito, porque no le ayudaba la lengua, aunque esto no fue obstáculo “para atraer al cielo muchas almas, por medio de su doctrina y ardiente caridad”, que ejercía especialmente en el confesionario.

Fray Miguel Martínez: otros momentos de su vida

Residió durante 16 años en el convento de Sto. Domingo de Écija. Socorría las necesidades de los pobres dándoles las limosnas que alcanzaban sus cortas posibilidades, ejecutando en esto el documento de santo Tobías, que dice: “Si tuvieres mucho, da con abundancia y si tuvieres poco, procura repartir de buena gana algo de aquello poco”. Se cuenta de Fr. Miguel que en cierta ocasión en que le pidió limosna una mujer pobre para hacerle una mantilla a su hijo, para resguardarle del intenso frío de invierno, tuvo tanta compasión de ella que por no poderla remediar echó mano de su capa y, descosiéndola, le dio un trozo de ella, imitando en esto a San Martín cuando partió su capa con un pobre.

En otras ocasiones cuando no tenía que dar a los pobres, los encaminaba con un papel suyo a quien los socorriese, de tal forma, que ninguno salía desconsolado de su presencia. En los conventos de su Orden se ejercitaba en oficios humildes, como era en limpiar lámparas, barrer la iglesia o coger la basura. Cuando vivía en el convento de Écija sucedió que D. Fadrique Portocarrero se cayó del caballo y quedó tan malherido que lo dieron por muerto. Un criado suyo fue hasta el convento a llamar a fray Miguel.

En 1645

Al llegar lo encontró a la puerta y comenzó a contarle el suceso. Antes de que terminara de contar lo sucedido le dijo al criado: “Hermano, ya sé a lo que viene, pida licencia al padre prior”. Después de pedir el permiso correspondiente se fue con el criado al sitio donde estaba Don Fadrique, y nada más llegar volvió en sí quedando sano.

De Écija pasó al convento que los dominicos habían fundado en Antequera (Málaga) en el que vivió durante veintitrés años, atribuyéndosele curaciones milagrosas gracias a su sola presencia.

El 4 de julio de 1621, a la edad de 75 años, fallecía en el convento dominico de Antequera causando su muerte gran sentimiento en los vecinos tanto de la ciudad como de la comarca que lo aclamaban como santo: “Fue grande el llanto de los vecinos; a voces le llamaban su padre, su amparo, su abrigo; en toda la ciudad le aclamaban santo y que su vida había sido de santo…”

Otros hechos de 1645

Fue enterrado en un sepulcro del crucero de la capilla mayor de la iglesia de Sto. Domingo de Antequera en el que grabaron la siguiente inscripción:

“Aquí yace el Venerable Padre Fr. Miguel Martínez, grande en todas virtudes, padre de pobres, señalado en la humildad y penitencia. Le honró Dios con grandes milagros en su vida y muerte, que fue a 4 de Julio de 1621. Fue colocado por los dos Ilustres Cabildos de esta Ciudad con innumerable concurso. Trasladó su cuerpo a este lugar el M.R.P. Presentado Fr. Gaspar de Frías, Prior de este Convento, el año de 1645”.

Se dice que después de su muerte siguió obrando milagros curando a enfermos. Un ejemplo de curación fue la Catalina de la Cruz que hacía más de dos meses que estaba tullida de una recia caída, sin poderse levantar de la cama. Conociendo que Fr. Miguel era un fraile milagrero se puso sobre la quebradura de la pierna una reliquia suya y sanó al punto.


Notas y fuentes

  1. Datos tomados del libro “Historia del obispado de Guadix y Baza” de Pedro Suárez, página 289-296.

Texto: José Rivera Tubilla, «Semblanzas de accitanos insignes a través de la historia». Más información sobre la ciudad en Guadix (Wikipedia).

[ DESCARGAR LIBRO DE ACCITANOS INSIGNES de José Rivera Tubilla ]

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