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Atención psicológica en el proceso de duelo de familiares de personas fallecidas por Coronavirus

Ante esta nueva realidad de pandemia mundial y por consiguiente ante la nueva situación de crisis en la salud pública que actualmente vivimos en España, por la pandemia de Covid-19, hemos de ser conscientes de que esta situación de crisis, está generando y generará en la inmensa mayoría de la población, un gran impacto psicológico y emocional, que tiene y tendrá consecuencias en nuestra salud mental.

Tanto por la repercusión que tendrá a nivel psicológico y emocional, debido al distanciamiento social y a la situación de confinamiento, como la repercusión que tendrá en las familias, por las consecuencias económicas y laborales. Esta situación de por sí, implicará un proceso de duelo como respuesta natura de adaptación personal, familiar y social a la pérdida, para el que tendremos que desplegar medios y ayudas, que preserven la salud mental de las personas y que faciliten un proceso de adaptación saludable y resiliente.

Pero, inevitablemente hemos de poner también mucha atención, en ese difícil y complicado proceso de duelo, que se suma en todas aquellas familias que pierden a un ser querido o varios, por la enfermedad provocada por el Coronavirus.

Y es necesario que reflexionemos, sobre las especificidades de este proceso de duelo, pues de esa reflexión nacerán las aportaciones y ayudas específicas, que se adapten a las necesidades de las familias y estas puedan ser atendidas con perspectiva de duelo complicado y podamos poner todos nuestros esfuerzos en trabajar para la prevención de procesos patológicos.

Hasta la fecha, la vida no nos había puesto a reflexionar sobre ello y esta situación tan crítica y global, nos reta a ello.

Esta reflexión, que hoy realizo, está basada en el conocimiento del proceso de duelo y en la experiencia de su acompañamiento e intervención a lo largo de mi trayectoria profesional y esta aportación me hace buscar lo especifico de otros duelos y las similitudes que puedan tener con este duelo en concreto. De forma que nos permita una intervención y acompañamiento desde lo general del proceso de duelo y también desde lo específico de este.

Es relevante destacar tres similitudes con otros tipos de duelo complicado.

La primera similitud, la tiene con las características de duelo múltiple, pues para las familias que pierden a un familiar o a varios por este virus, se trata de una vivencia de muchas pérdidas de forma simultánea o en breve período de tiempo, desde la pérdida de su propia salud si han estado o están infectados, hasta la pérdida de su libertad de movimiento o circulación, si están bajo situación de aislamiento en caso de ingreso hospitalario o de confinamiento en el hogar, hasta la pérdida de su familiar o  varios familiares.

Por lo cual la familia se encuentra bajo una situación de sobredosis de sufrimiento; caracterizada por una vivencia de saturación psicológica y emocional, y a su vez por un gran sentimiento de indefensión.

Por esta razón es muy previsible, que las personas dolientes, las familias de los fallecidos por coronavirus, manifiesten o pasen por vivencias como:

  1. Embotamiento emocional y experiencial.
  2. Dificultad de hacer el proceso de duelo de cada pérdida por separado.
  3. Sensación de continuo derrumbamiento o desmoronamiento de la realidad.
  4. Miedos intensos por la continuidad de las muertes.
  5. Importante sentimiento de indefensión.
  6. Endurecimiento emocional o sentimiento de insensibilidad por saturación de dolor.

La segunda similitud de este proceso de duelo, la tiene con algunas de las características de duelo por muerte repentina, pues, aunque ha habido un proceso de enfermedad en el familiar o familiares fallecidos, es cierto que se ha dado en un breve espacio de tiempo, desde que se produce el contagio, hasta el fallecimiento.

Además, es importante rescatar que, aunque su familiar fallecido, en una gran mayoría de los casos tuviera otras patologías previas, factores de riesgo importantes o un importante deterioro de la calidad de vida, en definitiva, para lo significativo de la familia la causa de la muerte ha sido por la infección del virus.

Por lo que este proceso veloz de contagio, enfermedad y muerte, le da esa característica que lo hace similar al proceso de duelo por muerte repentina en muchos casos.

Por lo que las familias de los fallecidos por coronavirus, pasarán por muchas de las características de este duelo específico.

  1. Una de las primeras a subrayar, es la larga estancia en la etapa de shock y la dificultad para asumir la realidad de la pérdida, pues el impacto emocional de la muerte, nos somete a mayor necesidad de progresividad, para ir asumiendo lo que ha pasado.

En este caso específico de muerte por coronavirus, hemos de tener en cuenta que las familias no han podido acompañar a su familiar fallecido, desde que se produce el ingreso hospitalario con el consecuente aislamiento total, hasta el fallecimiento; por lo que no pueden acompañarlo en su proceso de enfermedad y muerte.

Lo cual hace que la despedida y el acompañamiento en la muerte, que tanto facilita el proceso de duelo, no pueda verse realizado.

A esta cuestión hemos de añadirle que debido a tener que extremar las medidas de seguridad y prevención, desde el protocolo funerario, el proceso de: (toma de contacto con la familia, la preparación del fallecido, el velatorio en el tanatorio y el entierro o cremación), han cambiado de manera drástica.

Después de recibir la familia, la comunicación del fallecimiento y tras el hospital certificar la muerte a la empresa de servicios funerarios, estos últimos se ponen en contacto con la familia, mediante contacto telefónico o de manera presencial (con todas las medidas de seguridad en cuando a distancia social y equipos de protección individual, EPI ), pero solo lo hacen con un representante de la familia, que será el único con quien estén en contacto, y el único también que reconozca a su ser querido fallecido, antes de ser mínimamente preparado y sellado el féretro, que tas 24 horas será llevado directamente al cementerio o crematorio, sin previo velatorio ni ceremonia.

Por lo que la mayoría de las familias, desde que se produce el ingreso hospitalario y aislamiento, hasta que fallece y se lleva a cabo la exhumación, ya no vuelven a ver a su familiar, por lo que hay una carencia, de constatación de la muerte, que hace, como decíamos anteriormente, mucho más complicado ir haciendo esa primera tarea de duelo, que es asumir la realidad de la pérdida y salir de esa etapa de shock e irrealidad.

  • La pérdida de un ser querido en estas circunstancias, siguiendo con la similitud de algunas características del duelo por muerte repentina, hacen que aparezcan fuertes sentimientos de rabia e impotencia y como se ha comentado anteriormente, un gran sentimiento de indefensión, pues esta experiencia despierta en todas las personas, con mucha violencia, nuestra más radical vulnerabilidad. (“El duelo en la oscuridad” Jose Carlos Bermejo y Consuelo Santa María, pág. 28)
  • Otra cuestión específica, de este duelo, en los sentimientos de los familiares, que puede ser otra complicación en el duelo, es la culpabilización hacia los demás (sistema sanitario, otros contagiados, etc.), hacia la sociedad, hacia el mundo en general, mucho más teniendo en cuenta la situación de caos, vivida alrededor de todo esto, que le ofrece a la familia sensación de no competencia y no control, por parte del sistema político, social o sanitario.

Puede ocurrir también que la Culpabilización o sentimiento de culpa, esté dirigida hacia uno mismo, en forma de cuestionamiento o juicio; sobre el haberlo atendido antes, haber estado con él, el no haber identificado los síntomas de su familiar con mayor prontitud,   (“Tendría que haberme dado cuenta antes, tendría que haberlo llevado desde  el principio, no supimos identificar las señales, tendríamos que hacer seguido las medidas preventivas”), todos estos cuestionamiento o autoculpabilización, están dentro de lo que podríamos identificar como culpa irracional que necesita ir siendo expresada en una escucha acogedora y sin juicio, y necesita también ir siendo contrastada con la realidad.

Existe otra posibilidad, que necesita ser tenida en cuenta, y es que ese sentimiento de culpa, esté dirigido hacia uno mismo o hacia otro familiar, cuando se es consciente de que se ha sido o han sido portadores del virus, por el que el enfermo ha fallecido.  Podemos encontrarnos con expresiones, como “si me hubiera quedado en casa”, “Si no le hubiera tocado o abrazado”, “si me hubiera dado cuenta de que yo estaba contagiado” …

Otro sentimiento de culpa a tener en cuenta, es el “sentimiento de culpa del superviviente” que puede aparecer, por la consciencia de que, dentro del mismo círculo familiar y social, unas personas fallecen y otras no.

  • Otro aspecto importante, será valorar y trabajar el estrés postraumático que ha quedado después de la experiencia de la muerte, y que puede venir dado, por motivos como:
  • El miedo y el estrés ante la situación de crisis y el sentimiento de alarma por la situación de pandemia mundial y el impacto emocional generado.
  • La comunicación de la noticia del contagio y la enfermedad de su familiar, y en muchos casos, el de los propios familiares.
  • La situación de confinamiento en el hogar, el aislamiento total del fallecido o incluso de ellos mismos en caso de contagio.
  • La privación de poder acompañar a su familiar en su proceso de enfermedad y muerte.
  • La noticia del fallecimiento, la decisión de la familia de nombrar a un representante que reconocerá al fallecido a través de un cristal.
  • La despedida directa en el cementerio o crematorio, sin la posibilidad de ver a su familiar fallecido, y guardando entre los dolientes y acompañantes las debidas distancia de seguridad, que impiden la contención inmediata y el apoyo social, tan necesario en estos momentos.

Con todas estas circunstancias, de gran impacto emocional y estrés, es muy probable que se desencadene estrés postraumático, que, aun siendo una reacción normal, dificulta mucho el día a día de quien lo sufre.

Los síntomas más comunes que nos podemos encontrar son:

  1. Rememoración intrusiva de la experiencia traumática vivida.
  2. Pesadillas o recuerdos involuntarios en cualquier momento del día.
  3. Ansiedad al entrar en contacto con personas, lugares o circunstancias relacionadas con lo vivido.
  4. Dificultad para respirar, sudoración y desorientación.
  5. Incapacidad para recordar algunos detalles.
  6. Hipervigilancia, sensación persistente de que algo malo va a ocurrir en cualquier momento.
  7. Pérdida de interés general y aislamiento.

La tercera similitud, del duelo de los familiares de fallecidos por coronavirus, está relacionada con el duelo por la desaparición, por ese matiz específico que comparten y que es un factor de duelo complicado, se trata de la ausencia de ritos funerarios, con el añadido en este caso, de la existencia de medidas de confinamiento, distancia social entre los dolientes y los demás familiares y amigos que no pueden desplazarse, ni acercarse a ellos para apoyarles y sostenerles.

Estas medidas extremas de seguridad y de prevención, llevadas a cabo por el bien de la ciudadanía, tienen sin embargo un impacto negativo en el proceso de duelo, sobre todo a su inicio, en estas familias, que no solo necesitan y tienen puestas sus expectativas en unos ritos funerarios tradicionales (visualización de su ser querido, despedida, velatorio, ceremonia y entierro o incineración), sino que también se ven privados de la contención emocional que depende del contacto directo, la presencia cercana, los llantos abrazados, y ese apoyo y sostén más cálido y humanizado,  que en este tiempo de obligada distancia social, tanto se está revalorizando.

las ceremonias funerarias, nos ayudan a aceptar la realidad de la muerte, a testimoniar la vida del difunto, a fomentar la expresión del dolor de manera coherente a nuestros valores culturales, ofrecen apoyo moral a los afectados y permiten afirmar las propias creencias sobre la vida y la muerte, (Alan Wofelt, “Aprender de la pérdida” Neimeyer).

Sin embargo, las circunstancias actuales, nos obligan a cambiar y suprimir gran parte de ese ritual que forma parte de nuestra identidad cultural.

Los funerales fomentan el reconocimiento público de la realidad de la pérdida, danto tiempo y espacio a los familiares para que puedan manifestar su dolor.

El funeral nos da la oportunidad de ir haciendo la asunción de la realidad y la despedida, ofrece la posibilidad de manifestar las emociones en su magnitud, ya que proporciona un entorno seguro y limitado en el tiempo donde es legítimo manifestarlas.  

Facilitan el reconocimiento social de la muerte, la tristeza compartida y una oportunidad para ofrecer consuelo a los que están sufriendo la pérdida. (“Aprender de la pérdida” Neimeyer).

Conociendo la importancia, el beneficio y la funcionalidad que tiene la ritualidad en el duelo, sabremos también las dificultades y carencias que provoca, cuando por las razones que nos mueven, estos rituales han de ser cambiados y suprimidos en su mayor parte.

En estas circunstancias, va a ser muy difícil, el reconocimiento social de la pérdida, la ventilación y la contención emocional y la tarea de asumir la realidad de la pérdida.

Por lo que el acompañamiento y la intervención en la primera fase y tarea del duelo, tendrá que ir dirigido entre otras cuestiones:

  1. A la atención en crisis, ventilación emocional, facilitación de la expresión de las emociones y a ofrecerles la contención y sostén emocional de la manera más humanizada posible, teniendo en cuenta la deprivación de estas familias de contacto afectivo. Y la carencia de ese apoyo necesario de los primeros días del duelo.
  •  A ayudar a la familia, a elaborar un rito personalizado, donde se faciliten todas las funciones del ritual, antes expresadas. “Que las puertas cerradas, nos lleven a buscar otros caminos”.

Teniendo en cuenta todo lo reflexionado, la intervención psicológica con los familiares, amigos o allegados de los fallecidos por coronavirus podría ir dirigida en las siguientes direcciones generales:

  1. Atender la crisis emocional, ofrecer primeros auxilios psicológicos.
  2. Facilitar la primera tarea del duelo, ayudando a la persona a asumir la perdida, a tomar conciencia con la realidad que está o que están viviendo.
  3. Trabajar las negaciones que aparezcan en este sentido.
  4. Valorar el estrés postraumático y realizar la intervención necesaria en cada caso.
  5. Orientar a la familia, para la realización de un rito personalizado, que les ayude a beneficiarse de las funciones de la ritualidad.
  6. Normalizar las manifestaciones del duelo, que la persona o familia, presenten. Validar su dolor y ofrecerles un espacio, donde pueda expresar las emociones con toda su magnitud. Normalización y validación de sus reacciones, emociones y conductas.
  7. Valorar y trabajar los sentimientos de culpa que vayan apareciendo.
  8. Trabajar la psicoeducación del proceso de duelo, y enmarcarlo dentro de este duelo específico.
  9. Valorar el sentimiento de indefensión y ayudarles a la reconstrucción de la confianza y la recuperación del control.
  10. Facilitar la expresión emocional del duelo y ayudarles en la adaptación a la vida sin la persona fallecida.
  11. Ayudar a las familias y acompañarlas, en las fechas significativas y dolorosas, para que las puedan vivir desde el afrontamiento y el recuerdo, y no desde la evitación o la huida.
  12. Ayudarles a ir haciendo el duelo de cada pérdida, por separado. 
  13. Tener presente todos los indicadores de duelo patológico, para ir trabajando en la prevención del mismo.

Para concluir, solo añadir, que como me refería al principio, esta es una aportación, hecha desde la reflexión y la motivación de poder atender con la mayor responsabilidad y profesionalidad, a una necesidad social, que se nos impone y que es nueva para todos. Por lo que sería fantástico poder seguir reflexionando juntos, y seguir aportando entre todos, para así seguir sumando y garantizando también la preservación de nuestra salud mental, a través de la prevención y la intervención adecuada.

MARIA DEL CARMEN FERREIRA JIMENEZ

PSICOLOGA ESPECIALIZADA EN PROCESOS DE DUELO y ATENCIÓN PSICOLOGICA EN EMERGENCIAS.

CENTRO SANITARIO DE PSICOLOGÍA GENERALY UNIDAD DE APOYO AL DUELO.

unidaddeapoyoalduelo@gmail.com

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