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Una muerte sin móvil la del hijo de los ‘padres coraje’ de Jaén

Los ‘padres coraje’ que investigan la muerte de su hijo logran más pruebas
17.03.11 – 01:51 – JUAN ESTEBAN POVEDA | JAÉN.

El juzgado de Guadix continúa haciendo pruebas para esclarecer la muerte de Javier Joyanes Castilla, el joven de 27 años vecino de Jaén cuyo cuerpo sin vida fue encontrado en una rambla de La Calahorra (Granada) el 7 de septiembre de 2008, a los pies de un desnivel de cinco metros. Siguen buscando respuestas en el móvil de Javier. En torno al teléfono del joven, dos años y medio después de su muerte y pese al empeño de sus padres, Isabel y Maximiliano, para esclarecer todos los detalles del suceso, sigue habiendo preguntas sin respuesta. La principal es que al móvil le falta una pieza: la batería.
Los investigadores encontraron el teléfono móvil de Javier junto al cuerpo. Sobre una piedra. El móvil no estaba completo. Le faltaban dos piezas: la carcasa de la parte posterior y la batería. La carcasa apareció varios días más tarde, a unos 30 metros del lugar donde estaba el cuerpo. La hallaron los padres de Javier. Nadie ha explicado cómo llegó hasta allí la carcasa, pues no hay restos de sangre o de arrastre entre ambas partes del teléfono, y si Javier se cayó por el terraplén y se destrozó la cadera sólo podía arrastrarse con una fuerte hemorragia.
La batería del móvil nunca apareció. Otra de las lagunas de la hipótesis de la teoría de la caída accidental por el barranco. «¿Cómo es posible que mi hijo cayese por el desnivel, que parte del teléfono quedase puesto sobre una piedra, y que otra parte fuera a treinta metros y la batería desaparezca?», se preguntan los padres.
Isabel tiene constancia de que el teléfono funcionó al menos hasta las 4.46 de la madrugada del 7 de septiembre. Javier llamó a su madre. Hablaron durante unos segundos. Isabel le preguntó donde estaba. Javier dijo: «Aquí». Y se cortó la comunicación. En los registros de llamadas facilitados por la compañía telefónica, tras esta comunicación con su madre, hay varios registros más. Aunque Javier ya no llamó a nadie. «Lo hemos comprobado y son intentos de conexión automáticos que hace el teléfono cuando entra y sale de una zona sin cobertura», explican.
La búsqueda
A partir del mediodía del día 7, siete horas después de la última comunicación, Isabel llamó muchas veces al móvil de su hijo. Nadie se puso al otro lado del aparato. Alarmados, y tras hablar con un amigo de Javier que había viajado con él desde Jaén y que les confirmó que no había dormido en la habitación de hostal que compartían, se plantaron desde Jaén en La Calahorra y comenzaron a buscarlo. Lo encontraron dos vecinos de La Calahorra que les estaban ayudando. No pudieron avisar a la Guardia Civil desde la Rambla. Allí no había cobertura. Ni en las inmediaciones. La hipótesis de que se metió por allí de noche, campo a través, distraído mientras hablaba por el móvil y que se cayó por el precipicio tiene otra laguna con esta circunstancia.
Lagunas
Un informe pericial encargado por los padres considera imposible que Javier cayese por el desnivel donde se encontró su cuerpo. El impacto le destrozó la cadera derecha (la provocó el estallido de la pelvis). Demasiado violento para una caída sobre tierra. El hombro derecho estaba ileso. Había lesiones en la parte izquierda del cuerpo. Apenas había sangre en la tierra, cuando Javier murió desangrado. A treinta metros y días después del levantamiento, Jesús, tío de Javier, encontró objetos personales del joven que no habían detectado los investigadores. Entre el lugar donde estaba el cuerpo y los objetos no había señales de arrastre ni sangre.
El perito concluyó que Javier no había muerto por una caída ni en ese lugar, sino que el mecanismo de la muerte es compatible con un atropello y que pudieron trasladarlo entre varias personas hasta la rambla donde apareció ya cadáver, tras una agonía de varias horas. Cerca había una casa habitada (cuyos moradores no habían sido interrogados un año después del hallazgo) que no escucharon ni un grito. Javier tenía tierra roja en el pelo, más clara que la de la rambla.
Con este cúmulo de interrogantes, y gracias al empeño de los padres de Javier, la Justicia reabrió el caso que en principio se cerró en un mes como muerte accidental. El caso sigue abierto. Aunque Javier no tenía enemigos. Fue a la boda de un amigo acompañado de un amigo. En la boda no discutió con nadie. Se divirtió. Flirteó con una chica, que se fue del salón antes que él. Nadie tenía motivos para matarlo. No hay móvil.

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