Guadix 22 de mayo de 2026
El prelado accitano renunció a participar en la procesión del Corpus Christi debido a la polémica generada por su intención de acudir en silla de manos por motivos de salud
Dentro de unos días la Iglesia celebrará la festividad del Corpus Christi, una de las celebraciones religiosas más importantes del calendario litúrgico católico, dedicada al Cuerpo y la Sangre de Cristo en la Eucaristía. La institución de esta solemnidad se remonta al siglo XIII, cuando el papa Urbano IV estableció oficialmente esta fiesta como respuesta al movimiento de defensa de la Eucaristía y de la presencia real de Cristo en la Sagrada Forma.
En España, fueron territorios como Aragón, Cataluña y Valencia los primeros en impulsar celebraciones del Corpus con gran esplendor, extendiéndose posteriormente al resto del país hasta alcanzar durante los siglos XVI y XVII un enorme desarrollo religioso, cultural y popular.
Las procesiones del Corpus: tradición, danzas y participación popular
La organización de la festividad del Corpus Christi no solo implicaba a los cabildos catedralicios, sino también a los ayuntamientos y gremios, lo que en numerosas ocasiones generaba conflictos relacionados con el protocolo, las funciones o las preeminencias dentro de la procesión.
Las crónicas históricas describen cómo las procesiones del Corpus en las ciudades españolas se convirtieron en auténticos acontecimientos festivos y culturales, donde tenían gran protagonismo las danzas populares, los gigantones, la tarasca y diversas representaciones teatrales y alegóricas.
Entre las danzas más conocidas se encontraba la llamada “danza del cascabel”, interpretada habitualmente por gitanos y acompañada de sonajas, castañuelas y cascabeles cosidos en los trajes de los danzantes, produciendo un sonido continuo con cada movimiento. También era habitual la “danza de las espadas”, cuyos atuendos y temáticas variaban según los años y circunstancias.
El incidente del Corpus de 1616 en Guadix
Las actas del cabildo de la Catedral de Guadix recogen un curioso episodio ocurrido durante la procesión del Corpus del año 1616, protagonizado por el entonces obispo accitano, D. Nicolás Valdés de Carriazo.
Según la documentación histórica, el obispo comunicó al Cabildo su intención de asistir a la procesión sentado en una silla de manos portada por dos esclavos, debido a los problemas de salud que sufría a causa de la gota.
La noticia generó el rechazo del Ayuntamiento de Guadix, que trasladó al Cabildo eclesiástico su decisión de no participar oficialmente en la procesión como corporación municipal, argumentando entre otras razones su desacuerdo con que el prelado acudiera transportado de esta forma.
Al conocer la postura del Consistorio, el obispo respondió asegurando que no pretendía introducir ninguna novedad ni privilegio, sino simplemente poder cumplir con su obligación de acompañar al Santísimo Sacramento en una de las festividades más importantes del año.
D. Nicolás Valdés explicó que su delicado estado de salud le impedía realizar la procesión caminando y que únicamente pretendía participar sentado debido a la enfermedad de la gota que padecía. Finalmente, para evitar una mayor controversia institucional y ante las dificultades planteadas por ambos cabildos, decidió no acudir a la procesión de aquel año.
Un episodio singular de la historia religiosa y social de Guadix
Este episodio refleja no solo la importancia que históricamente tuvo la festividad del Corpus Christi en Guadix, sino también las complejas relaciones institucionales, sociales y protocolarias que rodeaban las grandes celebraciones públicas de la época.
La historia del Corpus de 1616 constituye además una curiosa muestra de cómo cuestiones relacionadas con el ceremonial, la salud y el protocolo podían llegar a generar importantes tensiones entre las autoridades civiles y eclesiásticas de la ciudad.
