San Fandila historia y milagros de un mártir accitano del siglo IX

San Fandila

San Fandila historia y milagros de un mártir accitano del siglo IX

Los datos que conocemos de S. Fandila se deben al sacerdote D. Pedro Suárez Cazalilla que nació en Guadix en 1657 y llegó a ser Capellán Real en la catedral de Toledo. En su libro “Historia del obispado de Guadix y Baza” dedicó un capítulo a nuestro santo accitano, tomando los datos de la traducción que hizo del latín de la crónica del “Memoriale Santorum” escrito por S. Eulogio. Según este relato Fandila nació en Guadix, probablemente al final del s. VIII o principios del IX. Siendo niño se fue a estudiar a Córdoba, entrando posteriormente en el monasterio de Tábanos (Córdoba). Después se fue con los monjes de S. Salvador ordenándose sacerdote. Sufrió martirio en la ciudad califal, por mandato del emir Muhammad I, el 13 de junio de 835.

El conocimiento que se tuvo en Guadix sobre S. Fandila y su martirio fue casual. A continuación transcribo un documento de 1597 en el que un canónigo de la catedral relata cómo sucedió:

“Estando en el coro de la catedral D. Hierónimo Ruiz de Carrasquilla, Prior, y yo, cantándose en el coro la misa de prima, al tiempo que se dijo la calenda (la fiesta del día), oí decir santo Fandila, mártir en Córdoba, y sin saber ni haber yo oído decir que este gloriosos santo fuese natural de Guadix le dije al prior: “este santo era de esta tierra y lo martirizaron en Córdoba” y a esto que lo oyó un capellán del número que se llamaba Diego Méndez de Saavedra me dijo: “S. Fandila es natural de Guadix”, yo le pregunté que cómo lo sabía y me dijo que estando el Sr. obispo, D. Juan de Moscoso, visitando la villa de Jérez del Marquesado le dieron una carta de Ambrosio de Morales, cronista del Rey Católico Felipe II, en que le decía que el dicho santo era natural de esta ciudad, que procurase su señoría de darlo a conocer en este obispado y que esta carta se la había dado el Sr. obispo encargándole que cuando estuviesen en Guadix se la recordase, pero coincidió que al volver lo nombraron para el obispado de León y se le olvidó tanto al uno como al otro tratar más de la dicha carta. Yo le rogué que me la diese y por ella supe que en Córdoba se rezaba al glorioso mártir y en la misa se decía una oración como santo, por lo que pedí al Cabildo de la catedral que como estaba de acuerdo el obispo D. Juan de Fonseca en que se rezase e hiciese memoria de S. Fandila en este obispado, habría que tratar este asunto. En el cabildo de 9 de junio de 1595 se acordó que puesto que S. Fandila, mártir, fue natural de Guadix, “era justo que en su ciudad y obispado se celebrara su fiesta con la solemnidad que se requería y que se rezase de su festividad el 15 de junio de cada año”

Al cabo de dos o tres años, estando el obispo en Granada, me dijo que consultase con el P. Tomás Sánchez, religioso de la Compañía de Jesús, si podía él, como tal obispo, en virtud de la bula del Papa Gregorio XIII, mandar se rezase en su obispado de S. Fandila y habiendo respondido que sí, el obispo Fonseca declaró que se debía rezar y así lo mandó en este obispado.

El obispo D. Juan de Horozco viendo la devoción que se tenía en este obispado al santo y conociendo el voto que la Justicia y Regimiento de esta ciudad había hecho de asistir a la misa y procesión, cuando la hubiese, en honor de S. Fandila, ordenó por autos de 3 de junio de 1607, que el día 15 de junio fuera en Guadix fiesta de guardar.
El canónigo autor de este documento sigue con el relato de hechos milagrosos atribuidos a la intercesión de S. Fandila de los que ha tenido conocimiento:

“Estando un día en mi casa, me vino a hablar una mujer que se llama Catalina Hermosa, natural de la villa de La Peza, y me dijo que teniendo un niño de 8 a 9 años enfermo de gota coral (epilepsia), que le daba tan a menudo que tenía su cuerpo llagado y con tanta intensidad, que ya no podía levantarse de la cama y que casi lo tenían ya por muerto y que oyendo un día, víspera de S. Fandila, repicar las campanas y sabiendo que al día siguiente era el día del glorioso santo, lo encomendó a él y pidió limosna para decirle una misa y habiéndola oído con devoción en su propio día, volvió a su casa y halló a su hijo bueno y sano sin llagas y nunca más le dio el mal de gota coral.

Cierto día estando visitando en el convento de las monjas de Santiago de esta ciudad a dos sobrinas monjas que en él tengo, me dijeron que Dª María de Buiza, hija de Luis Bernardo de Sanmartín, escribano del cabildo y ayuntamiento de esta ciudad, estaba muy mala de perlesía (parálisis) y de gota coral, de manera que estaba muy afligida, porque le daba muy a menudo y habiendo venido a hablar conmigo le conté lo que me había dicho Catalina Hermosa sobre lo que le había sucedido con su hijo y que el glorioso S. Fandila le había quitado el mal, que se encomendase muy de veras a él y así lo hizo y me han dicho la dicha Dª María Buiza, mis sobrinas y otras muchas monjas de profunda fe y crédito, que estando en el coro rezando y encomendándose al glorioso santo sintió en su cuerpo un gusto particular y dijo a Dª Juana de Santacruz, monja que estaba cerca de ella, “¡ay! no sé que tengo” y la dicha Dª Juana creyendo que le quería dar el mal de gota coral se asió de ella para tenerla y la dicha Dª María le respondió “no es malo esto que tengo sino bueno” y así con aquel gusto que tuvo se levantó sana de la perlesía y gota coral.

También me han dicho y es público en esta ciudad, que muchos años cerca del día del glorioso S. Fandila solía haber muchos truenos y relámpagos y caer mucha piedra que hacía daño particularmente en un pago de viñas que llaman de “Vertillana” y un hombre que se llamaba Luis de Quintana, con devoción, hizo una cruz grande y puso un rótulo en ella que decía “S. Fandila ora pro nobis” y la puso en dicho pago y ha sido Dios servido que desde entonces hasta hoy no se ha visto caer piedra que haya hecho daño.

Después, y por el aumento de la devoción a este santo, se instituyó la cofradía de los gloriosos santos Torcuato y Fandila y se puso en sus constituciones que los cofrades que en ella entrasen fuesen cristianos viejos limpios, se ganó Bula de Su Santidad concediendo jubileo plenísimo en la fiesta de dichos santos y asimismo confirmó las constituciones de la cofradía de S. Torcuato y S. Fandila. Después viendo que la devoción de esta ciudad era mucha volví a suplicar al cabildo que se alargase la procesión hasta S. Agustín yendo por la calle de D. Martín y volviendo por la de D. Pablo.

Fuente: Biblioteca y Archivo Diocesano de Guadix
Autor: José Rivera Tubilla

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