Años 1576 – Pleito entre el Regidor del Concejo de Guadix D. Gaspar Dávalos y Dª Ana Zarrato, viuda, mujer que fue de D. Luis Guiral, Regidor en Guadix, por la ocupación de un asiento en lugar preferente de la catedral

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Interior de la catedral de Guadix
Interior de la catedral de Guadix

Pleito entre el Regidor del Concejo de Guadix D. Gaspar Dávalos y Dª Ana Zarrato, viuda, mujer que fue de D. Luis Guiral, Regidor en Guadix, por la ocupación de un asiento en lugar preferente de la catedral y otra queja de los vecinos de Fiñana por el mismo asunto. Años 1576 y 1583

El utilizar cojines para los asientos y para hincarse de rodillas en las iglesias y catedrales, ha sido a lo largo de la historia de la Iglesia un signo de distinción, de aquí que cuando algún obispo intentaba derogar este privilegio se alzaran voces en contra que buscaban no perder lo que era uso y costumbre antigua.

Hasta el obispo de Guadix, Fr. Julián Ramírez Díaz, han llegado noticias de haberse producido graves diferencias entre señoras muy principales de la ciudad, por ocupar un  lugar y asiento junto a la reja del coro de la catedral, que podrían producir discordias y para evitar inconvenientes, ya que al obispo como pastor le incumbe poner remedio, manda a D. Gaspar Dávalos y Dª María Ponce de León, su mujer, y a D. Pedro Guiral y a Dª Francisca, su mujer, y a cualquier otra persona que sea interesada en este asunto, en virtud de santa obediencia y bajo pena de excomunión, en caso de incumplimiento de su disposición, y de 200 ducados de oro que se aplicarían para los gastos de la guerra contra los infieles, que no  lleven ni permitan llevar al asiento en la catedral cojín ni tapete alguno.

Ante esta orden del obispo se abre un pleito ante el Juez Eclesiástico del obispado de Guadix entre D. Gaspar Dávalos, Regidor en el Concejo de Guadix y Dª Ana Zarrato, viuda, mujer que fue de D. Luis Guiral, también Regidor,- poseedores de una capilla en la catedral donde tienen asiento-, en defensa de lo que cada parte consideraba un privilegio concedido por el obispo.

D. Gaspar,-sobrino del cardenal D. Gaspar Dávalos, obispo que fue de Guadix-,  y como marido de Dª Mª Ponce de León, dice en un escrito dirigido al Provisor de la diócesis que “habiendo recibido el mandato de que ni la dicha Dª Mª ni ninguna otra persona se sentase en un asiento que hay en la catedral junto a la reja del coro en la parte del Evangelio, que es el primer lugar que está a la entrada de la puerta del coro, manifiesta que es injusto el mandato episcopal y que se siente agraviado por lo que ruega al prelado lo revoque y permita a su mujer disponer y gozar del asiento, porque su uso lo tuvo y poseyó Dª Isabel de la Cueva, su madre, y Dª Mencía Dávalos mujer que fue de D. Juan Pacheco y Dª Leonor, mujer de D. Gómez Yañez de Castro, hijas estas de Dª Isabel, que se sentaban en él siempre que iban a la catedral sin que nadie se opusiera y esto lo hacían desde que se acabó la obra de la catedral y se hacía el oficio divino por privilegio concedido por el obispo D. Antº de Guevara a su madre Dª Isabel con los demás asientos que estaban a continuación de este y pegados a la reja del coro. Además de las personas dichas anteriormente también continuaron con la prerrogativa de uso y posesión del escaño Dª Mª Ponce de León, su mujer, Dª Francisca y Dª Isabel de Bocanegra, sus sobrinas, sin que esto creara discordia con nadie.

Tanto el obispo como los capitulares de la catedral lo han visto y consentido desde hace más de 50 años, incluso Dª Ana Zarrato que pleitea por el asiento,  y también todos los vecinos y personas de Guadix y en todo caso si alguna vez se sentó en dicho lugar otra persona diferente de las que se han dicho, sería con el consentimiento y beneplácito de Dª Isabel, que usando de prudencia y precariamente lo permitió en su ausencia o en la de sus hijas, lo cual hizo con muchas señoras de la ciudad, incluida Dª Ana, por la mucha amistad que tenía con ella,  pero lo que sí es cierto es que siempre que se hallaba Dª Mencía de Ávalos en Guadix e iba a la catedral ocupaba el primer lugar junto a la reja del coro y nunca otra persona, por lo que no se puede decir que haya perdido el derecho adquirido, además que por ser el Regidor Dávalos sobrino del cardenal D. Gaspar Dávalos, obispo que fue de Guadix y que dejó a la catedral ricas joyas,-un cáliz de oro, una mitra, una campanilla y una cruz de plata-, es justo que la misma consideración que movió al obispo Guevara para hacerle merced del dicho asiento y lugar, debe mover al obispo a dejar que conserven el asiento y si es necesario confirme de nuevo el privilegio como obispo que es.

Por todas estas razones el exponente pide al obispo que revoque su mandato y autorice a su mujer para que siga ocupando el asiento que hasta ahora han tenido en la catedral.

D. Julián derogó la orden que había dado y ante notario se dio a Dª María Ponce de León posesión de su asiento al tiempo que una de las criadas, que iba con ella, colocaba sobre el sillón un tapete y cojín en señal de propiedad.

Otro caso parecido al que se produjo en la catedral de Guadix es el ocurrido en 1583 en la villa de Fiñana de la diócesis de Guadix. Fco de Puerta y Juan de Olmos en nombre de los vecinos dirigen un escrito al Provisor y Vicario General de la diócesis en el que dicen “que habiéndose publicado en la iglesia una disposición del obispo D. Juan Alonso de Moscoso, por la que se manda que ninguna mujer de ninguna condición lleve ni se siente en la iglesia en cojín, bajo ciertas penas, piden al obispo que rectifique su mandato, porque las personas que llevan cojín son distinguidas de mucha clase, estando sus mujeres en uso, costumbre y antigua posesión de llevar semejantes asientos y sería cosa de gran nota y menoscabo tener que cumplir lo dispuesto y más teniendo en cuenta que estas personas han cumplido lo mandado con gran moderación, reverencia y por honra de la Iglesia y por ser cosa permitida y usada en todos los pueblos e iglesias principales de estos Reinos y que las leyes y pragmáticas del Rey no lo rechazan declarando únicamente que “las mujeres públicas que ganan con sus cuerpos no lleven a las iglesias almohadas ni alfombras” bajo ciertas penas, por lo que está claro que ni se puede ni se debe quitar esta costumbre a las personas de calidad. Por todas estas razones que exponen suplican al obispo que derogue la orden y puedan continuar con el uso y buena costumbre antigua de poder seguir llevando sus asientos y cojines a la iglesia.

Fuente: Archivo Histórico Diocesano

Autor: José Rivera Tubilla

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  1. Gracias Pepe por dejarnos estos artículos basadas en tus investigaciones en el Archivo Diocesano, son una fuente impagable de información para todas las personas que nos interesamos en la historia de nuestro pueblo. !!Un abrazo!!

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