Las Cuevas de Guadix

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“Pegada al flanco sur de la ciudad, se ciñe una extensa comba de cerros cónicos, apiñados anárquicamente, sin más organización que la divisoria trazada por los surcos profundos de los barrancos. Un laboreo geológico de lluvias torrenciales ha ido configurando la arcilla hasta trazar un paisaje de aspecto lunar. Allí anidan las cuevas”.

La desoladora geografía de bad-lands del sur y este de Guadix, ha dado lugar al hábitat troglodita, una interesante arquitectura popular que se presta a descripciones literarias como ésta de Paz Velázquez. Y es que este tipo de vivienda subterránea ha conformado un paisaje muy peculiar, de innumerables montículos pardos y rojizos, cortados como un queso por planos blancos y punteados por chimeneas cónicas también blancas.

Aunque en esta geografía troglodita hay relieves famosos como La Minilla o el cerro de la Escalera, la necesaria ausencia de ordenación urbana aconseja no prefijar ningún itinerario, ya que ello privaría del placer espontáneo de descubrir, por sí mismos, parajes y rincones sólo perceptibles por la subjetividad individual. Aquí nos vamos a limitar señalar algunas de las estructuras más singulares, entendiendo por ello aquellas que se salen de la común cueva doméstica.

Puntos de interés

Antes de entrar en el barrio troglodita, se puede visitar el Museo de Alfarería, situado en lo que parece fueron las caballerizas de la Alcazaba, en un original barrio. Fue montado por el accitano Juan Gabarrón en 1998. Es muy interesante la variedad del repertorio presentado, sin que falten piezas antiquísimas y las de corte utilitario y popular. El muestrario busca además el contexto antropológico, recreando una cocina tradicional, figuras representativas de los oficios tradicionales, etc.

La plaza de Ermita Nueva, lugar donde se desarrolla el baile de la Rifa que Alarcón inmortaliza en El niño de la Bola, es uno de los centros neurálgicos de las cuevas, pues concentra la ermita, la casa del padre Poveda y la Cueva Museo.

La ermita es, quizá, la manifestación más ostensible de la arquitectura cuevera. Es una galería, muy tradicional y remota, excavada en la arcilla a la que posteriormente se ha añadido un cuerpo fuera de la tierra. Dentro de su gran modestia, cuenta entre su ajuar con un notable lienzo de la virgen de Gracia.

La Cueva Museo, de gran interés etnológico, recrea el interior de una de estas viviendas tal y como era antes de que llegara la modernización, con todos los enseres que eran característicos, incluidos los de uso agrícola y ganadero. Recientemente, la plaza se ha visto engalanada con un monumento conmemorativo de Pedro Poveda. Se trata de un bajorrelieve mural de José Campoamor, que reproduce la fotografía tomada hace un siglo en la que el religioso está rodeado de niños. La fidelidad es tal, que los actuales habitantes del barrio, muchos de ellos nietos o biznietos de los que aparecen en el relieve, son capaces de ponerles nombre y apellidos a las imágenes esculpidas.

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