La romería a Baza por la Virgen de la Piedad y el Cascamorras del año 1893 (1)

Cuentan las crónicas que cierto día un atochero (2) hijo de Guadix se dirigió a los montes a ejercer su oficio, y se puso a hacer la carga para su jumento en término jurisdiccional de la ciudad de Baza; que ocupado en su faena observó que el azadón tropezó con algo extraordinario por lo que redobló sus golpes y cuál sería su asombro al oír clara y distintamente decir «ten piedad de mí.»

Sorprendido de tal prodigio, separó la tierra con las manos y encontró una imagen de la Virgen que trajo a esta población.

Noticiosos los bastetanos del hallazgo, alegaron propiedad de la imagen por haber sido descubierta en su territorio y promovieron litigio a nuestros antepasados que dio por resultado conceder a Baza dicha propiedad y a Guadix el privilegio de dedicarle en ella función anual el día 8 de Septiembre a cuyo efecto se creó una Cofradía que con toda solemnidad hacía y hace uso de su derecho, la que subsiste en la actualidad, pero tan pobre y escasa de vida y de recursos que casi está en la agonía.

He aquí el origen de la peregrinación que vimos ayer pasear las calles y plazas, acompañada de su indispensable “fac totun”, el célebre Pedro Lagarto o Cascaborras, que de ambos modos lo nombra el vulgo, clown, bufón, fantoche o como queramos llamarle de la fiesta, vestido de bayeta de múltiples y abigarrados colores, cuya misión se reduce en el tiempo de la colecta a conducir la bandera de la Cofradía en cuyo remate colocan cintas las personas piadosas, dando también limosnas a los cofrades para subvenir a los gastos de la fiesta y a perseguir a los que a la entrada de esta población y de Baza salen a recibir la comitiva y tienen el humor de darle bromas, a las que responde fustigándoles con un látigo cuya punta termina en dura pelota, repartiendo golpes a diestro y siniestro.

En Baza es acogida la Cofradía con verdadero entusiasmo, y los hermanos son atendidos y agasajados con harta galantería.

Salen a recibirla respetables personalidades, las autoridades, el clero, y el pueblo y la fiesta de iglesia atrae un contingento que apenas coge en el templo de nuestra señora de la Merced, donde tiene lugar.

Aquí en Guadix es otra cosa. De año en año se ve decaer el fervor religioso y no es aventurado suponer que de no avivarse la Cofradía morirá pronto víctima de la indiferencia más censurable.

No hace muchos días oímos quejarse amargamente a los más fervientes devotos de esta fiesta, y censurar el abandono en que se les tiene y la verdad es que les sobra la razón.

 

¡Qué diferencia de los tiempos actuales a aquellos en que nuestro paisano don Torcuato Tárrago escribió tan galanamente su artículo «Pedro Lagarto» relatando el entusiasmo de que era objeto la romería de la Piedad!

Todo cambia y se muda, pero muchas cosas renacen en contraposición con nosotros que nos iremos y no volveremos más, según reza la copla. GARCI-TORRES.

NOTAS:
(1) Tomado de “EL ACCITANO. AÑO III, nº 98 de 10-9-1893
(2) Persona que recoge esparto