Iglesia de Santiago de Guadix, documentos de 1.544 sobre el Chapitel que corona su torre

Iglesia de Santiago

Iglesia de Santiago

Iglesia de Santiago de Guadix

CONDICIONES PARA HACER LA OBRA DEL “CHAPITEL” QUE CORONA LA TORRE DE LA IGLESIA DE SANTIAGO DE GUADIX. AÑO 1544

Tras la conquista del reino de Granada por los Reyes Católicos, se extendió de forma notable el arte y la cultura mudéjar. En Guadix y su comarca se conserva, como parte de su patrimonio histórico-artístico, un conjunto de arquitectura de este estilo especialmente en iglesias y ermitas. Los artífices de este arte arquitectónico, en principio y en lo que atañe a Guadix y su comarca, fueron mudéjares,-musulmanes que vivieron bajo el poder cristiano conservando su religión, lengua y costumbres-, pero con el tiempo este arte fue creado tanto por moriscos,-musulmanes convertidos al cristianismo por su voluntad o a la fuerza-, como por cristianos viejos.

Iglesia Santiago documento

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La iglesia de Santiago se construyó, como la mayoría de las iglesias de Guadix, sobre el trazado de una mezquita, aunque fue ampliada con la compra de terrenos colindantes para hacer un templo de grandes proporciones. Para edificar un templo lo primero que se hacía era redactar las condiciones bajo las que se debía construir, se pregonaban en las plazas públicas y se esperaba a que los maestros albañiles presentaran sus propuestas de por cuánto podrían realizar la obra, adjudicándose, normalmente, al maestro de obras que pudiera hacerla con el menor coste. Para que se le adjudicara una obra a un alarife, tenía este la obligación de entregar, a quien le encargara la obra, una fianza para que en caso de que no cumpliera con las condiciones del contrato o no terminara la obra se podían quedar con toda o parte de ella para terminar lo no acabado.

Por el año 1533, o antes,-sólo habían pasado unos 44 años desde que los Reyes Católicos le arrebataran la ciudad de Guadix a los moros-, por la intervención del obispo D. Gaspar de Ávalos, se encarga a Diego de Siloé que diseñe la traza de la iglesia de Santiago, que parte de un modelo tradicional mudéjar, pero que es superado al introducirse su portada de estilo renacentista, el remate de las naves laterales en curva y la armadura de la capilla mayor.

Tras sacar a subasta la obra y presentarse varios maestros de albañilería se adjudicó a Francisco Centeno por la cantidad de 1.280 ducados. El plazo que tenía Centeno para terminar la iglesia era de tres años, sin embargo, y posiblemente porque se cambiaran los planes para rematar la torre, en 1544 hubo necesidad de sacar unas condiciones exclusivas para la obra de un “chapitel” con el que culminarla.

Un chapitel es un elemento arquitectónico de forma piramidal que se sitúa en la parte superior de una torre o campanario a modo de remate. En muchos casos su material de acabado es la propia piedra, haciéndose habitual con el tiempo su revestimiento a base de cerámica vidriada con pequeños tacos de azulejos, generalmente bicromados en los característicos colores azul y blanco. Del conjunto de iglesias mudéjares de la zona, sólo las de Santiago de Guadix y la iglesia de Jérez del Marquesado, en la que también trabajó el maestro albañil Francisco Centeno, coronan su torre con un chapitel piramidal.

Condiciones con que se ha de hacer la obra del “chapitel” de la iglesia del señor Santiago, de la ciudad de Guadix.
El maestro o maestros que se encarguen de la obra están obligados a echar una hilada de ladrillo además de la que tienen las paredes de la torre donde se ha de hacer el chapitel, porque parece que está muy cerca de las roscas de los arcos, y sobre esta hilada ha de hacer una cornisa de piedra labrada de la cantera de Bácor, con una moldura de un pie de salida, y otro de alto y medio pie de chapamiento por la parte de arriba, con que vuelva a retraer al vivo [borde] de las paredes, y ha de tener dos pies de entrada en las paredes, y cuatro gárgolas en las esquinas que salgan dos pies de la piedra, las cuales y todo lo demás de la cornisa ha de ser hecho moldeado y entallado.

Una vez hecho todo lo anterior y enrasado por la parte de dentro, con la cornisa de albañilería de ladrillo labrada, conforme a las paredes, se hará un estribo, por la parte de dentro, de madera de pino nuevo y de muy buen grueso, ochavado, y que lleve una tiranta por medio del estribo, que estará asentado de tal manera que la cara de encima tenga media vara más alto que la cornisa, esto para que tenga corriente el andén que se ha de hacer, y para que se descubra desde abajo el pie del chapitel, y en medio de la tiranta se pondrá un mástil de madera, a plomo, adonde vaya a parar una armadura que se ha de hacer, y en la que se clave una cruz, y hacer la armadura ochava de buena madera de pino y de buen grosor, y que lleve dos harneruelos como almizates en que descansen todas las “limas” y “péndolas” de la armadura, repartidos a trechos, y haga su nabo [columna central en una escalera de caracol] de ladrillo labrado de acitara [pretil o borde] de yeso, y bien guardadas las esquinas de los ochavos, el cual nabo y armadura ha de subir treinta pies en alto desde el estribo.

Se ha de chapar este chapitel de esta manera: que por cada esquina del “nabo” lleve sus alizares todos hechos de dos faldas y la cara con su esquina ochavada y que vayan de arriba abajo de la esquina, y en los paños, entre alizar y alizar, se ha de chapar de sus ladrillos vidriados, a ondas, de arriba abajo cada onda, y los ladrillos han de ser negros, blancos y azules, cada onda de su color y que cada una se remate en el alizar.
Se ha de chapar con cal y polvo de ladrillo molido, muy bien hecho, mezclado, dándole a la cal lo que del polvo mereciere, y que la cal no sea vieja ni de toba ni de otra mala piedra.

Encima del chapitel, en el remate, se ha de acabar el chapado con una pieza hecha de barro, y entera ochavada y moldeada de la moldura que está en la muestra, y vidriada de verde, porque esta pieza ate todos los paños con los alizares. Esta pieza tiene que ser hueca, porque tiene que encajar en la punta del “nabo” del chapitel para guarda del chapado, y ha de tener por la parte de arriba su agujero por donde se embista [inserte] la cruz que se ha de clavar en la punta del mástil de madera.

Aquí se ha de clavar un vergajón [barra] de hierro de muy buen grueso que entre por el agujero de la dicha pieza, y descienda hasta entrar por la puerta del mástil tanto que con una “chaveta” buena se atraviese el vergajón y mástil, de tal manera que quede muy bien asido lo uno con lo otro, y este vergajón se ha de embestir toda la moldura que por la muestra parece, que ha de llevar la cruz hecha de barro vidriado y pintado de los colores que mejor parezca que matizan en la obra, y ponerle su veleta bien hecha encima, o harpón, o lo que mejor le sea pedido, hecho de hierro o de hoja de Milán [hojalata].

Encima del vergajón se ha de encajar la cruz, en un cajamiento que ha de llevar en la parte de arriba. El mástil de la cruz ha de tener vara y media de largura y anchura y la salida de lo que sale encima de la pieza del remate del chapado nueve pies.

Encima de la cornisa, en la parte de arriba del vivo [borde] de la pared por fuera, se ha de hacer un parapecho [baranda] alrededor de toda la torre, hecho de sus jarrafas [sic] de piedra de la misma cantera de Bácor, las cuales han de tener una cuarta de grueso y media vara de ancho, y tres cuartas de alto, y que tenga un palmo en alto, de parapecho, y vaya todo en una pieza, y las esquinas enteras que hagan dos paños, y que el claro de entre una y otra sea del tamaño y haga lo que hace la jarrafa, y sean asentadas cada una con una juba [sic)] de hierro, que vaya fijada en la cantería de la dicha cornisa.

Se ha de solar todos los gruesos de las paredes, alrededor de la torre, haciéndole sus corrientes muy bien guiadas, a las esquinas de la torre y los rincones de los ochavos, para que el agua salga por los cuatro caños que han de tener las gárgolas, lo cual todo ha de ser solado de ladrillos vidriados, muy bien hecho, y todo lo que se hubiere de hacer en las corrientes sea de cal y arena y ladrillo muy bien asentado y enripiado y de esta manera sean hechos los andenes del chapitel.

Los rincones de los ochavos, por debajo, serán reforzados con sus pechinas hechas de bovedillas, muy bien agraciadas, y en uno de los ochavos se hará una ventana de media vara de ancho y tres cuartas de alto, con su puerta y bastidor para salir al andén cuando quisieren.

El maestro que se encargue de la obra está obligado a hacerla de la manera que se lleva dicho, con todo el chapado y la solería del andén. De su cuenta corren los gastos de mano de obra, maderas, ladrillos, azulejos, piedra, yeso y todo lo demás que para hacerla sea necesario, porque la Iglesia sólo le dará los maravedís por los que se ha concertado la obra, los cuales se le pagarán en cuatro pagas: la primera, cuando el trabajo esté rematado y afianzado, la segunda, cuando se traiga la piedra, la tercera cuando esté sentada la cornisa y tabicado el nabo y la cuarta, una vez acabada la obra y vista y dada por buena.

Todo el azulejo ladrillo que se gaste en esta obra será de buenos colores, el yeso de Almídar, y la cal de buena piedra.

El maestro que se quede con la obra está obligado a chapar las “albanegas” del campanario de azulejo de los mismos colores que va el chapitel.

Redactadas las condiciones que se contemplaban para hacer la obra del chapitel de la iglesia de Santiago, se pregonaron en la plaza Nueva de Granada para conocimiento de los maestros de albañilería que estuvieran interesados en presentar sus propuestas.

“En la muy noble, nombrada y grande ciudad de Granada, 18 de marzo de 1544, estando en la plaza Nueva, en presencia de muchos maestros albañiles y otras muchas personas, en presencia también de mí Diego Martínez de Medina, Escribano y Notario Público de Su Majestad, y residente en esta su corte y chancillería, y de los testigos Juan Pérez, pregonero público en esta ciudad de Granada, de pedimento de un hombre que se dijo por nombre Francisco Cynteno, albañil, vecino de la ciudad de Guadix, que asimismo estaba presente, en alta y viva voz, delante de mucha gente que estaba, albañiles y otras personas, pregonó lo siguiente:
Cualquier maestro albañil que quisiera tomar a su cargo hacer la obra del chapitel de la Iglesia de Santiago de la ciudad de Guadix, la cual se ha de hacer conforme y según y de la manera que se contiene en las condiciones siguientes, que son las escritas en estas dos hojas que van señaladas con la firma de mí el escribano, las cuales fueron leídas de “verbo ad verbum”, en alta y viva voz, por mí el escribano, y pregonadas por Juan Pérez, pregonero, y asimismo les fue mostrada a los maestros albañiles que la quisieron ver, poniendo en su conocimiento que la obra se habría de licitar el Domingo de Ramos próximo, en la ciudad de Guadix, en su plaza pública, en la persona que haga la obra por más bajo precio, y para que tengan conocimiento todos los maestros albañiles, y a pedimento de Francisco Cynteno, se hizo el pregón, y el dicho Francisco Cynteno lo pidió por testimonio, siendo testigos Pedro de Quintana y Alonso de las Casas, vecinos de Guadix, Miguel de Padilla y Gaspar de Padilla, empedradores, vecinos de Granada. Después de pregonadas las condiciones no apareció ningún maestro albañil ni otra persona alguna que quisiese poner en precio la obra.

En Baza se pregonó el 25 de marzo de 1544 por voz de Antonio de Toledo, pregonero público de Baza. En esta ocasión Juan Ruiz, albañil, vecino de Baza, dijo que haría la obra por ochocientos ducados.

Como no podía ser de otra forma se hicieron públicas las condiciones en la plaza pública de Guadix, comprometiéndose Alonso Gutiérrez en construir el chapitel por setecientos ducados, rebajando en 100 ducados la propuesta del bastetano. Juan García, albañil de Guadix, podría edificar el chapitel por quinientos ducados, Domingo de Escalante, albañil de Granada, por ciento ochenta mil maravedís, el maestro Miguel de Guadix, en cuatrocientos setenta duca¬dos, Sebastián de Lizama, en cuatrocientos cincuenta y de nuevo el maestro Miguel bajó el precio en cuatrocientos, adjudicándosele en esta cantidad para lo que debía prestar fianza suficiente. Pero el maestro Miguel, aunque se buscó a Gómez de Arana como su fiador, no ingresó dicha fianza dentro del plazo dado, por lo que tuvo que abrirse nueva convocatoria, adjudicándose finalmente la construcción del “chapitel” a Francisco Cynteno en trescientos cuarenta ducados, teniendo como su fiador a Juan Guiral, regidor de la ciudad.

Fuente: Archivo de Protocolos Notariales de Guadix
Autor: José Rivera Tubilla

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