Notas históricas y sentimentales sobre la ermita de San Antón de Guadix, su cofradía y su fiesta

San Antón - 1920 aprox. Foto: Jose Mª Ortiz ValeroEs opinión generalizada entre los que han investigado sobre la historia del Wadi-as moro que las actuales ermitas del Guadix cristiano se construyeron sobre anteriores morabitos.  Según esto la ermita de S. Antón se construiría, como la cercana de S. Lázaro, sobre la base de una mezquitilla.

Los primeros datos que he encontrado en el Archivo Histórico Diocesano de Guadix datan de 1563. Se trata de una denuncia del Fiscal Eclesiástico contra Elvira Martínez   “la cual con poco temor de Dios y de su conciencia vino a la ermita de S.  Antón  y sacó un niño que estaba sepultado en la dicha iglesia para hacer un parto supuesto y fingido y usar mal de la dicha criatura en lo cual cometió delito de sacrilegio y grave ofensa de Dios…” Según este documento junto a la ermita debía existir un cementerio.

Todas las ermitas tenían su ermitaño que aunque en principio pudieron ser monjes con el paso del tiempo fueron seglares nombrados por el obispo que vivían en la casa anexa y eran los encargados de cuidarla, conservarla en buenas condiciones, pedir limosna para su mantenimiento y ser el sacristán cuando se celebraba misa u otros cultos.

En 1587 el ermitaño era Luis de Marchena. Este era nombrado por el Comendador  de la Casa y Hospital de S. Antón de la ciudad de Baeza,  de la Orden de los Hermanos Hospitalarios de S. Antonio. Que el eremita fuera nombrado por el Comendador de los Hermanos Hospitalarios  me hace suponer que el complejo de S. Antón estaba formado por la ermita, alguna sala para enfermos, normalmente contagiosos, casa para el ermitaño y cementerio.

Para su manutención y la conservación de la ermita se veía obligado a pedir limosnas, por lo que elevó una petición al obispo D. Juan Alonso de Moscoso para que le prorrogara durante dos meses la licencia para seguir requiriendo ayuda, ya que necesitaba dinero para arreglar la iglesia y comprar ornamentos sagrados. El prelado se la concedió, no sólo para que pidiera en Guadix sino también en su distrito con objeto de que pudiera comprar ornamentos, misal, cáliz y otros atavíos (adornos, enseres, etc…) necesarios, por la mucha devoción que se tiene con la dicha ermita y las pocas reformas que en ella se han hecho y encargamos a los curas de este nuestro distrito lo encomienden a los fieles para que con sus limosnas lo favorezcan”

Que en S. Antón existía un hospital para enfermos contagiosos, o que se intuyera que podían contagiar, lo demuestra el hecho que en 1602  Diego de Santa Cruz Saavedra, escribano del Rey y mayor del Cabildo y Ayuntamiento de Guadix y su tierra diera fe que “la justicia y comisarios de la Junta (de la peste) ordenaran a dos capitulares de la catedral, que estaban en la ermita de S. Antón como personas que venían de Granada, lugar apestado, que se fueran a purgar, por el tiempo que el Rey mandaba por su Real Cédula, a las cuevas de S. Torcuato o a la de Guajar y que si querían estar en la ermita pagasen una guarda a su costa, con seis reales cada día, todo el tiempo que estuvieren en la guarda”

La continuidad de la actividad en S. Antón a través de los siglos XVII, XVIII y XIX lo demuestra el hecho de que sean conocidos por los libros de “Registros, Nombramientos y Títulos” los nombres y las fechas de los nombramientos de los ermitaños. Así a finales del s. XVI era ermitaño Alonso de la Paz, -mi abuelo paterno en 11º grado-, y con posterioridad lo fueron entre otros    Antº de Ortega (1714), Juan Mirante (1733), Torcuato Mirante (1775),  Antº Ruiz (1800),  Manuel Ruiz (1812), Bernardino Sánchez (1835),  Juan García (1853) y  Juan Domingo Mallado (1856).

La ermita con el paso de los años debió deteriorarse mucho y en especial tras la Guerra Civil de 1936 quedó en estado casi ruinoso. En 1954 Juan Delgado Roquer, presidente de la Hermandad, que lo fue al menos durante 50 años, escribió al accitano D. Juan Aparicio López, que entonces era el Director General de Prensa, y entre otras cosas le decía: “Como sabe, la sagrada imagen estuvo siempre, desde tiempo inmemorial, en su santuario hasta el año 1936 en que gente desaprensiva… lo convirtió en albergue y lejos de haber hecho alguna obra de entretenimiento y conservación, por ser refugio de evadidos de la zona nacional, estuvo en completo abandono, destrozándolo de tal manera que por el peligro que amenazaba y que amenaza ha dejado de estar el santo en su capilla, rompiéndose en parte y con alto sentimiento las viejas y santas costumbres de nuestros antepasados; además y a raíz de ser liberada nuestra ciudad ….fue destinada a prisión de condenados contribuyendo esto también al mal estado en que se halla obligando a la Hermandad a demoler la entrada que formaba el porche, lo típico de la ermita, en vista de la ruina que ello constituía. Como esta Cofradía de S. Antón está integrada en su mayoría por labradores humildes y sólo vive de la aportación económica de los hermanos, sin poder distraer un céntimo en ninguna otra atención más que en las propias de la fiesta del santo anacoreta, es por lo que le suplican gestione cerca de la Dirección General de Regiones Devastadas la reparación del Santuario pues la cantidad necesaria según presupuesto dado por técnicos se eleva a 20.000 pts”

En 1977, D. Manuel Ruiz Ariza,  párroco de S. Miguel, y el Presidente de la Hermandad Juan Delgado Casas, hijo del anterior Presidente, solicitaron una subvención a la Diputación Provincial aduciendo “que dado el estado casi ruinoso en que se encontraba la ermita, la parroquia y la Hermandad, con más valentía que posibilidades, han llevado a cabo el arreglo de la techumbre, solería nueva de terrazo, repaso general y arreglo de los accesos”. Algunos años después, el entusiasmo, el trabajo y el amor por las tradiciones accitanas de José Mª Ortiz Valero y sus colaboradores han hecho posible que los accitanos tengamos una ermita de S. Antón en condiciones inmejorables. Desde la eternidad los Roquer, padre e hijo, verán que sus desvelos de tantísimos años por la ermita, la imagen y su fiesta merecieron la pena.

Se tienen datos históricos sobre la cofradía de 1593 cuando trajeron las reliquias de S. Torcuato desde Celanova a Guadix. En la procesión que se hizo para trasladarlas desde la ermita de S. Lázaro hasta la catedral,-según relata Pedro Suarez en su Historia del Obispado de Guadix y Baza-, la cofradía iba en 2º lugar detrás de la de las Ánimas, señal inequívoca de que era la 2ª en antigüedad de las que estaban instituidas en Guadix.   En la procesión del Corpus de 1613 ocupaba el 3º lugar después de las de S. Torcuato y S. Fandila y la de S. Fray Diego. La Hermandad ha pervivido durante 4 siglos hasta llegar a nuestros días.

La actual imagen de S. Antón, “una talla en madera de 1,30 de altura más la peana de 15 cm. con galones dorados, llama de plata de ley en una mano y un libro en la otra” fue realizada en 1963 por el escultor granadino Nicolás Prados López por el precio de 11.500  pesetas. Para hacer frente a esta cuantiosa cantidad se inició una suscripción popular para pagar no sólo la nueva imagen sino también reparar la Ermita que estaba en un lamentable estado de abandono. Para animar a los accitanos residentes y a los que vivían fuera se imprimieron unas octavillas en las que se decía:

“Hay fiestas tan populares y tan arraigadas en el alma de las gentes, que  por sí solas constituyen la fisonomía de un pueblo, su respeto a lo tradicional y su profundo sentido religioso. Diríamos que Guadix posee el secreto de dar al ambiente el semblante exacto de cada Fiesta de nuestro calendario religioso y patriótico. Y esto es lo que Guadix ha hecho en la festividad de San Antón… Todo es en ella popular, mas no vulgar; todo es necesario, pero con medida y tacto. Desde la profusión de llamaradas de su vigilia nocturna hasta la gran apoteosis humana de devotos que presencian la entrañable e indescriptible procesión del santo…Pero existe una circunstancia gravísima que amenaza con la desaparición de esta Fiesta Tradiciona1, y es el estado ruinoso de la Ermita del Santo que exige una inmediata reparación y la carencia de una Imagen digna que avive y acreciente la devoción en todos los hogares. Para remediar lo primero y conseguir lo segundo hacemos desde estas líneas un llamamiento a la generosidad de todos para que cooperen con su donativo al coste  de la reparación de la Ermita y adquisición de la nueva imagen en talla…”.

El tesorero de la Hermandad daba en 1979 las cuentas de ingresos y gastos de la fiesta. Los ingresos habían sido de 26.534 pts destacando las 10.000 con las que subvencionaba el Ayuntamiento y las 750 que aportaba como donativo  el comercio. Los gastos este año fueron de 19.920 pts que correspondían a las siguientes partidas: la iluminaria costaba 1.000, una banda de cornetas 12.000, para las carretas 1.500, al párroco de S. Miguel le daban 500, por llevar al santo 1.100, a la Guardia Civil y Municipal 400, de cohetes 2.500 y otros gastos. Aún quedó un saldo positivo para el año siguiente de 6.614 pts.

Así contaba sus vivencias sobre la fiesta de S. Antón Juan Delgado Roquer, Presidente de la Hermandad, a la emisora local “La Voz de Guadix”: “Soy el decano de esta hermandad por pertenecer a ella desde la edad de ocho años que mi abuelo materno me llevaba de la mano a la ermita. En aquella fecha el santo siempre estaba en su iglesia con la custodia de un ermitaño y el día 15 de Enero se trasladaba la imagen a la iglesia de S. Miguel para ser adornado. La noche del 16 en rosario y con gran solemnidad se llevaba a su ermita mientras ardían por todas partes las iluminarias y ardía el entusiasmo de fe hacia el abogado del fuego. Había muchos devotos que esa noche velaban al santo. En muchas casas se celebraba haciendo rosetas y los que se encontraban en mejor situación económica lo celebraban con grandes buñoladas reuniendo a todos sus familiares. ¡Con qué orgullo, qué airosos y alegres marchaban aquella noche los novios a “pelar la pava”, llevando a las novias la célebre “cuña”, ofrenda de su cariño y exponente sencillo, pero valioso, del recuerdo de tan típica fiesta…!

Al amanecer los mozalbetes salían con sus toros, que lucían vistosas banderitas formadas con los pañolones que en seda de colores bordaran las novias, y los hombres llevaban pañuelos de seda rodeando la cabeza, dando vueltas a la población hasta que se aproximaba la hora de la procesión en la que participaban con el mayor respeto detrás de la imagen

El predicador en su sermón nos daba a conocer que la ermita fue edificada antes que la catedral de la Magdalena, que eligieron el cerro donde está situada la ermita para que fuera visible desde todo el campo, que se constituyó la hermandad con muchísimos hombres llenos de fe y de grandes voluntades. El generoso santo repartía sus bienes y seguía haciendo el milagro de que en el día de su fiesta se repartieran bienes entre todos los necesita­dos. Aunque la hermandad la componen en su mayoría clases humildes no ha faltado un solo año en el que grandes oradores subieran al púlpito para predicar como lo hicieron muchos años el Deán de la catedral D. Juan López o D. Juan de Dios Ponce que el año 1936, desde Orihuela, me escribió diciéndome que debido a sus grandes ocupaciones no podía venir a predicar pero que lo sustituiría D. Justo Marquina.

Fuentes: Archivo Histórico Diocesano de Guadix

Archivo privado del autor José Rivera Tubilla

Foto: José Mª Ortiz Valero

 

 

 

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