José Antonio tomó con responsabilidad su cargo y supo tremolar la bandera con sabiduría y estar cerca del público
10.09.10 – 01:57 – J. J. PÉREZ | GUADIX.

Jose Antonio Escudero nos emocionó. Nos emocionó desde el mismo instante en el que cogió la porra de Cascamorras en su barrio de la estación hasta el momento en el que tremoló la bandera en la puerta de la iglesia de Santo Domingo dedicándola a todos los cascamorreros y a su padre. José Antonio tomó con responsabilidad su cargo y supo esgrimir la porra de Cascamorras con sabiduría, dirigió a la mancha cascamorrera como un director su orquesta, eso sí, lejos aún de ser una orquesta sinfónica.
Cascamorras volvió a ser puntual. Sus primeros pasos por el barrio de la estación pusieron de manifiesto que los accitanos se reencontraban con un gran Cascamorras. La filosofía de este nuevo ‘Pedro Lagarto’ fue la de agradar a un público dispuesto a disfrutar de la carrera, a correr lo mismo hacia delante que en un remolino. Vítores, vivas a Guadix y a la Virgen de la Piedad en un coro uniformado por el color de almagra escoltaron a José Antonio.
Pero también fue un Cascamorras serio en el recuerdo al recientemente fallecido Juan ‘Lope’ cascamorrero que recibió su homenaje con una bandera frente a su domicilio en completo silencio sólo roto por el grito del propio Cascamorras con un «va por ti» -los pelos de punta-. José Antonio fue un Cascamorras que se acercó a todo el público, que ofreció un beso a los cascamorreros más jóvenes y que hizo correr a los que estaban dispuestos a seguirle en la carrera.
Miriam León llevó la bandera
¿Después de 500 años de tradición puede haber algo nuevo? Sí, seguro que sí. Por primera vez una mujer llevó la bandera de la Virgen de la Piedad en los turnos establecidos por la hermandad accitana, fue Miriam León, esposa de Alex Baena, otro Cascamoras histórico.
José Antonio terminó su carrera en el compás de Santo Domingo haciendo callar al público en una soberbia despedida. A Guadix le costó despedirse de su Cascamorras, mientras José Antonio lanzaba besos a todos los que le habían seguido durante la carrera ya desprendido de su porra y con los brazos abiertos.

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