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EPITAFIO QUE UNOS PADRES DEDICAN A SU HIJA QUE MUERE JOVEN

La palabra epitafio, epitaphium en latín, se compone de dos voces griegas epi, sobre, y taphos, tumba, por lo que significa toda inscripción puesta sobre una tumba. El epitafio es el texto que honra al difunto. Tradicionalmente se ha escrito en verso, aunque también se puede escribir en prosa. Se han conocido muchos poetas que han compuesto su propio epitafio.

Se considera que un buen epitafio es aquel que por lo menos hace pensar al que lo lee. Muchos han sido escritos con algún refinamiento literario, por lo que constituyen un subgénero literario lírico dentro del más general de la elegía o poema de lamento.

El tema de los epitafios es muy variado dependiendo del lazo que une al escritor con el difunto, la edad o a qué se ha dedicado el fallecido durante su vida. Hay epitafios que expresan el dolor por la muerte del ser querido, hay otros que pueden resultar originales, curiosos, llamativos, graciosos, etc… Algunas muestras: el que colocaron sobre la tumba del actor cómico Groucho Marx: «Disculpe que no me levante, señora», o en la del director de cine Orson Welles: «No es que yo fuera superior, es que los demás eran inferiores».
Sobre la del escritor español Miguel de Unamuno se escribió: «Sólo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo». No menos curioso es el epitafio que se escribió sobre la tumba del gran músico Johann Sebastian Bach: «Desde aquí no se me ocurre ninguna fuga».

Algunos epitafios pueden tener chipa como el que puso un marido en la tumba de su suegra: «Tanta paz encuentres, como tranquilidad me dejas» o la inscrita en la lápida de la tumba de un avaro: «En cuanto murió, se peleó con los santos, enfadado porque debía el alma y no podía venderla en dinero contante y sonante».
En el Archivo Diocesano de Guadix he encontrado el epitafio que transcribo a continuación. Es un documento en el que no aparece la fecha en que se escribió. En el encabezamiento aparece el nombre de los padres con la dedicatoria “A su amada hija” Escrito en un doble folio, en la parte derecha el autor lo ha redactado en latín y en la parte izquierda en castellano. Ha utilizado siete cuartetas que finalizan con un breve texto en prosa.
Unos padres, ante el dolor inmenso por la muerte de su hija Mª de los Dolores, fallecida antes de cumplir los veinte años, expresan en estos versos su dolor al tiempo que exaltan sus virtudes.

EPITAFIO
Yace aquí, ¡ay!, cuánto mejor / el yacer sus padres fuera
la hija que a estos mismos era / todo su aplauso y su amor.
Bien dicha en la pila ha sido / María de los Dolores
nombre que anunció rigores / ¡qué negra tumba ha cumplido!.
En costumbres floreció / mente, estudio y forma hermosa
la que muerte presurosa / a Patria y padres robó
¡Ay! ¡ no nació para el suelo! / mas sus riquezas ha huido,
porque mejor ha querido / gozarlas allá en el cielo.
Cuando en los dotes extraños / de alma y cuerpo más lucía
hela oculta en losa fría / antes de hacer veinte años.
De pena este momento / quieren sus padres poner
que ya padres no han de ser / sino para el sentimiento.
Morir sube o joven loco / o padres en llanto orar
tú, mundo, en nada parar / todo enseña un polvo poco.
¡Dilectísima hija! Tus duelos son divididos entre ti y tus padres;
y a tu vista vierten sangre de dolor nuestros corazones.
Por tanto, la tierra no te oprima. Sean pues nuestro consuelo
desde las moradas eternas del cielo, al paso que así lo creemos de la clemencia divina.
Fuente: Archivo Histórico Diocesano de Guadix

Autor: José Rivera Tubilla
Guadix 12 de Enero de 2013