Año 1616. Una niña de Huéneja resucita por un milagro de Santa Teresa de Jesús

 

Sobre el milagro que, por intercesión de Sta. Teresa de Jesús, ocurrió en la villa de Huéneja, del Marquesado del Cenete, resucitando a una niña de 4 años.

Por el año de 1614 el Papa Paulo V había proclamado Beata a la reformadora de la orden del Carmelo, Teresa de Ávila. Su fama de santidad se había  extendido por toda la Península e incluso había llegado a Italia. En España se recogían cuantas causas e intervenciones milagrosas tenían lugar por su mediación, que eran numerosas. A modo de ejemplo, en Burgos, el niño Agustín José de Alba, recién nacido, enfermó el mismo día de recibir el bautismo recuperándose milagrosamente por la intercesión de la beata Teresa de Jesús, según cuenta el P.F. Bonifacio Moral en el libro de la Vida de Santa Teresa de Jesús, publicada en Valladolid en 1890.

En la diócesis de Guadix, en el pueblecito de Huéneja del Marquesado del Zenete también tuvo lugar un milagro cuyo proceso se recoge en el libro de Actas Capitulares.

Con el fin de dilucidar la veracidad del suceso e incluirlo en la causa de canonización de la beata Teresa de Jesús, que en esos momentos se tramitaba en Roma, se constituye en Guadix una amplia comisión para determinar si realmente se ha producido un milagro.   La Junta estaba compuesta por todos los miembros del Cabildo catedralicio, Racioneros, el Ldo. Alonso de Rivera, alcalde mayor, los regidores Diego Pérez de Andrada, el capitán Joan Daza Villarroel, García Ramírez, D. Rodrigo de la Cueva y Benavides, Lorenzo de Biedma Sotomayor, Diego López Pacheco Venajara, los priores de los conventos de Sto Domingo, S. Francisco, S. Agustín, dos jesuitas, los beneficiados de las parroquias de Guadix, dos frailes carmelitas descalzos que estaban asistiendo a la determinación del milagro y dos médicos.

El hecho que se recoge en las Actas Capitulares es el siguiente:

“Según consta la niña de 4 años, Isabel de Berbel, hija de Andrés de Berbel y Mª Fernández de Quintanilla, vecinos de Huéneja, enfermó el 23 de Julio de 1616 de unas calenturas continuas y maliciosas que le causaron gran “dibilación” hasta que por los últimos (días) del dicho mes su padre llamó a Ginés Martínez y Juan Fernández Espigares, cirujanos que curan en la dicha villa por no haber otros médicos, los cuales la visitaron sin aplicarle remedio alguno por la flaqueza grande que vieron en la niña hasta los ocho de agosto que la desahuciaron por hallarla con señales conocidas de que estaba muriendo y aquella noche a las ocho murió real y verdaderamente, quedando el cuerpo cadáver, helado, sin pulso, sin calor, sin respiración, sin movimiento y sin otra alguna acción vital y en este estado su padre invocando a la dicha santa virgen y madre santa Teresa de Jesús que intercediese con Dios Nuestro Señor resucitase y diese vida a la dicha niña y con grande fe y devoción haciendo promesas a la santa le puso un estampa suya sobre el pecho de la niña muerta la cual después de haber estado ocho o nueve horas muerta otro día al amanecer resucitó buena y sana sin calentura ni otro accidente de enfermedad alguna con su color natural de sana y entero aliento de modo que pidió de comer y le dieron y comió con su mano y pidió su vestido y se levantó y se sentó a una ventana, todo esto dentro de hora y media poco más o menos que resucitó, y algunos testigos dicen que estaba aquella mañana la niña más hermosa y más alegre que cuando estaba en salud”.

La Comisión, durante cuatro largas sesiones en días consecutivos, y después de haberse tratado, “disputado y conferido por todos los dichos señores muy doctamente y con nuevos fundamentos de la Sagrada Escritura y teología y en los derechos y medicina, todos unánimes y conformes de un parecer se resolvieron en que el suceso contenido en los autos y la resurrección de Isabel de Berbel fue obra milagrosa y sobrenatural de la poderosa mano de Dios por la intercesión de la santa madre Teresa de Jesús y todos juntos dieron muchas gracias a Dios por la merced de haberse servido de obrar la dicha maravilla por intercesión de la santa. Acordaron que en este obispado y todos juntos y cada uno en particular tendrían gran devoción a Sta. Teresa para que interceda con Dios por ellos y por este obispado”.

Fuente: Libro 9 de Actas capitulares, folio 262 vto y ss.

Autor: José Rivera Tubilla